Esta es una página para difundir la Doctrina Católica. El nombre es redundante porque no existen templarios no católicos, pero dado que masones y delirantes de todos los colores han acaparado el nombre, se ha hecho necesario el adjetivo.

domingo, 20 de abril de 2008

SECCIÓN: MARÍA SANTÍSIMA

MARÍA SANTÍSIMA


LA ESTRELLA DE ORIENTE

Lope de Vega

“Reyes que venís por ellas,
no busquéis estrellas ya,
porque donde el sol está
no tienen luz las estrellas”.

Aunque por una venís,
el conocerlas ha sido
la causa por quien seguís
este sol recién nacido
que hoy adoráis y servís.

Y pues por luces tan bellas
se manifiesta el rey dellas,
yo apostaré que habéis visto
de estrella en estrella a Cristo
“reyes que venís por ellas”.

Una os trajo al sol presente,
que ventaja a todas hace,
pero admira, y justamente,
que buscando al sol que nace,
dejéis atrás el Oriente.

La estrella parada está,
con que del sol muestra da;
otra tenéis, otra os guía;
pues habéis visto a María
“no busquéis estrellas ya”.

Está la estrella divina
de Jacob junto al Sol Cristo;
por ella al Sol se camina,
y así, en habiéndola visto
se conoce y determina.
María le enseña ya
con luz que el Niño le da,
que es Sol de justicia santo,
y por eso alumbra tanto,.
“porque donde el sol está”.

Por los ojos de María
se ve a la luz celestial,
que el mismo Niño le envía,
porque es de Cristo cristal
y aurora en que nace el día.

Del cielo las luces bellas
en sus ojos pueden vellas;
los demás con sus despojos,
porque donde están sus ojos
“no tienen luz las estrellas”.



A NUESTRA SEÑORA DE LUJÁN

P. Felipe José Maqueda (1812)

A vos sagrada imagen bello hechizo,
De un corazón amante que os reverencia
Se consagra este don que por ser vuestro
Es muy justo, Señora, que a vos vuelva.

Ya no sufre mi amor que alguno ignore
Del vuestro las ternísimas finezas,
Los prodigios sin par, los grandes bienes,
Que en Luján derramáis a manos llenas.

Os quedasteis Señora (sea bendito momento tan feliz para esta tierra)
Os quedasteis aquí para ser madre
Amorosa, benigna, dulce y tierna.

La devoción robaba nuestra dicha,
Pero Vos en piedades siempre inmensa,
Santificar quisiste nuestro suelo
En él fijando vuestra residencia.

Aquí depositado habéis el alma,
Y vuestro corazón en dulce prenda
Lo habéis dado (¡dignación pasmosa!)
A vuestros pobres hijos que os veneran.

Aquí admitís benigna nuestros cultos,
Nuestros votos de amor, nuestras ofrendas,
Enjugáis compasiva nuestro llanto,
Y nos llena de honor vuestra presencia.

Aquí cual torre de David hermosa
Mil broqueles y escudos os rodean,
Que os revisten de un poder divino
En que librada está nuestra defensa.

Aquí místico pozo de aguas vivas,
Refrigeráis las almas que sedientas
De remotas regiones (¡oh prodigio!)
Vienen a Vos con ansias de beberlas.

Aquí imperáis cual Reina poderosa
(pues que así nuestra fe lo experimenta)
a las nubes del Cielo (¡quántas veces!)
y obedientes fecundan nuestra tierra.

Aquí las plagas destructoras ceden,
Cuando Vos condoléis nuestra miseria;
Vuestra bondad cual germen prodigioso
Produce frutos que nos alimentan.

Aquí los elementos obsecuentes
A vuestra voz deponen su fiereza,
Y alagando al poder que los reprime
Benéficos influjos nos dispensan.

Aquí sois Iris celestial divino,
Cuya vista agradable nos consuela;
Nube fecunda que destila bienes
Para cuantos la ven con solo verla.

Aquí, Señora, en fin vos sois el todo
De esta villa, dichosa por ser vuestra,
Vuestra por elección anticipada,
Vuestra por posesión que será eterna.

Su gratitud os hace este presente,
Perenne monumento, clara prueba
De que no sella con fatal olvido
La que le dan de amor vuestras finezas.

Y yo el más pobre, el más humilde hijo
(a Vos ¡oh Madre debo mi existencia!)
junto con este don hoy os consagro
mi alma, mi corazón y mis potencias.


Loa a Nuestra Señora

Fray Iñigo de Mendoza

De nuestra noche candela
De nuestras cuitas abrigo,
De nuestra virtud escuela,
De nuestras gracias espuela,
Freno de nuestro enemigo,
Muerte de nuestra tristeza,
Vida de nuestros placeres,
Arca de nuestra riqueza,
Fuerza de nuestra flaqueza,
Corona de las mujeres.


A LA VIRGINIDAD DE NUESTRA SEÑORA

Alonso de Ledesma

Amor, con su gran ingenio
Dijo: solo me responda
La discretísima fe,
Que es la dama a quien más toca.

¿Qué es cosa y cosa,
que pasa por el mar y no se moja?

Si mar os llama la Iglesia,
Serenísima María,
Y sol de justicia Dios,
Por vos se dice este enigma;
Y porque el ser madre y virgen
Es cosa tan peregrina,
Para que todos lo entiendan,
Estos símiles lo digan.

Como la flor olorosa
Produce la tierra misma
En los más altos collados,
Donde no cayó semilla;
Como la perla entre el nácar
El sol la congela y cría,
Cuyos bellísimos rayos
En sus conchas la visitan;
Como el sol por la vidriera,
Cuando pasa no eclipsa,
Antes queda más hermosa,
Más transparente y más limpia;
Como nace de la estrella
La luz que en su sol la envía,
Y no solo no la daña,
Más antes la purifica;
Como la niña del ojo,
Con su potencia visiva,
Concibe en sí los colores,
Quedando virgen la niña;
Como el sol, cuando se baña
En las aguas cristalinas,
Pasan sus ardientes rayos,
Sin que las aguas dividan,
Así de vos, Virgen Santa,
Nace Jesús este día,
Y por la fuente de gracia
Pasa este sol de justicia;
Y pues el hombre codicia
Naturalmente saber
Procurad, alma, aprender
Enigma tan misteriosa:
¿Qué es cosa y cosa,
que pasa por el mar y no se moja?




A NUESTRA SEÑORA

P.Calderón de la Barca

Si el instrumento de mis labios templo
Para cantaros, Virgen especiosa,
Obra de Dios tan única y dichosa,
Que sola vos de vos sois vivo ejemplo,

Enmudece la voz porque os contemplo
La Madre de Dios Hijo, la Hija hermosa
Del Padre, del Espíritu la Esposa,
Y de los tres sagrario, claustro, templo.

Toda la Trinidad os perfecciona,
Tanto que si en las tres caber pudiera
Persona cuarta, universal persona,


Vuestra deidad cuarta persona fuera;
Mas si no os pudo hacer cuarta persona,
Después de Dios os hizo la primera.


EL SANTO ROSARIO

Menéndez y Pelayo

El altar de la Virgen se ilumina,
y ante él de hinojos la devota gente
su plegaria deshoja lentamente
en la inefable calma vespertina.

Rítmica, mansa, la oración camina
con la dulce cadencia persistente
con que deshace el surtidor la fuente,
con que la brisa la hojarasca inclina.

Tú que esta amable devoción supones
monótona y cansada y no la rezas
porque siempre repite iguales sones…

Tú no entiendes de amores y tristezas:
¿qué pobre se cansó de pedir dones,
qué enamorado de decir ternezas?


SONETO DEL DULCE NOMBRE

Francisco L. Bernárdez

Si el mar que por el mundo se derrama
tuviera tanto amor como agua fría,
se llamaría, por amor, María,
y no tan solo mar, como se llama.

Si la llama que el viento desparrama,
por amor se quemara noche y día,
esta llama de amor se llamaría
María, simplemente, en vez de llama.

Pero ni el mar de amor inundaría
con sus aguas eternas otra cosa
que los ojos del ser que sufre y ama,

ni la llama de amor abrasaría,
con su energía misericordiosa,
sino el alma que llora cuando llama.