Esta es una página para difundir la Doctrina Católica. El nombre es redundante porque no existen templarios no católicos, pero dado que masones y delirantes de todos los colores han acaparado el nombre, se ha hecho necesario el adjetivo.

jueves, 17 de abril de 2008

LA DONACIÓN DE ÓRGANOS









LA DONACIÓN DE ÓRGANOS


¿Un imperativo moral?








R.P.Brian Moore



EL TRANSPLANTE DE ÓRGANOS


1)-Nombre y clases
El transplante consiste en extraer un órgano deteriorado e ineficaz y reemplazarlo por otro sano y de buena calidad, con el fin de devolver la salud y de prolongar la vida de enfermos graves.
Transplante: transferencia de un órgano entero (riñones, corazón, pulmones, páncreas, hígado, intestinos)
Injerto: se aplica más que todo a los tejidos ( piel, córnea de ojo, médula ósea, huesos)

Clases

A / a)- T. autólogo (autotransplante o autoplástico): el donante y el receptor son la misma persona. Una parte sana del cuerpo sirve para curar otra enferma: transplante de piel, médula ósea
b)- Alotransplantes: de un hombre a otro

B/ a)- Homotransplante: el donante es un ser humano, vivo o muerto
b)- Xenotransplante o heterotransplante (heteroplástico aloplástico): el donante es un animal

C/ Órgano artificial


2)- Realización
Cada cuerpo humano posee un código genético totalmente personal. Cada ser humano es biológicamente único (salvo los gemelos idénticos) Por eso al realizarse el transplante se ve afectado el sistema inmunológico.
“Cada cuerpo viviente mantiene su salud y su equilibrio por sus billones de células, porque todas repiten el mismo programa genético. Tan pronto como penetran en la vida del cuerpo las células extrañas con distinta programación son identificadas como enemigas a expulsar del territorio. Los transplantes de órganos son un campo de batalla microscópico: esta es la lucha contra el rechazo. Habrá que recurrir entonces a los inmunosupresores los que, al permitir que se impida este rechazo, pueden originar otras dificultades. El organismo se vuelve más tolerante al órgano extraño, pero sus defensas son debilitadas. Se vuelve entonces más vulnerable a otras fuentes de infección” (Desclos, p.15)
Es importante saber que los órganos necrosados[1] no sirven para transplantes y por eso puede haber “cierto apuro” en declarar muerta a la persona.

La Asociación Médica Mundial disponía lo siguiente en cuanto a la realización efectiva de los transplantes:
“- Los trasplantes de órganos deben ser realizados:
(a) solamente por médicos que poseen conocimientos especiales y la debida competencia técnica adquirida en una formación especializada, estudios y práctica, y
(b) en establecimientos médicos que dispongan del equipo adecuado para el trasplante de órganos.
- El trasplante de órganos debe realizarse sólo después de haberse analizado cuidadosamente la disponibilidad y eficacia de otros tratamientos terapéuticos.” (n.6 y 7)

3)- Valoración moral

La ética médica y los supuestos filosóficos actuales

Si la sociedad actual se halla en una gran decadencia moral, el ámbito médico y hospitalario no es ajeno a ese estado.[2]
Pero además, hoy reina el subjetivismo y relativismo, como el Magisterio lo ha dicho más de una vez[3]. Por eso, puestos a discutir sobre temas tan delicados como el que nos ocupa, no se puede dejar de lado este factor. Un médico de moral dudosa, escéptico, ateo, que no crea en la existencia del alma, etc. no tendrá muchos escrúpulos en acabar con una vida que él considera inútil perpetuar.
A este respecto dice Hans Thomas:
“Bajo las condiciones del reinante “pluralismo de valores” (que es en realidad un pluralismo de pareceres sobre los valores) el llamado discurso ético -esto también es válido para la toma de decisiones en las comisiones éticas institucionalizadas- se convierte necesariamente en una discusión jurídica, cuando no política. Al entrar en el discurso, los participantes deben concederse mutuamente diferentes concepciones de lo que es verdadero o falso, bueno o malo, éticamente admisible o no tolerable y respetar esas posiciones como de igual validez para el discurso. Esto significa que la reflexión ética de cada uno de los participantes antecede al discurso. En todo caso tiene lugar aparte (o no tiene lugar). El fin de la discusión resulta pues la búsqueda de puntos en común, según el ideal típico de consenso. En realidad, es suficiente la búsqueda de una mayoría. Como en política”

Por otro lado, los conceptos filosóficos que se manejan en el ámbito científico muchas veces son contrarios a una sana filosofía. La Iglesia católica asumió como propia la filosofía aristotélico-tomista y los conceptos de persona, vida, alma, etc., no son muchas veces los que sustenta la ciencia. Concretamente para muchos alguien es persona si tiene manifestaciones de vida psicológica, de conciencia o si es capaz de ciertas funciones cerebrales.
Para la filosofía cristiana el alma es la forma del cuerpo y la muerte se produce cuando se separan. No existe un estado intermedio entre la vida y la muerte. Si alguien vive, el alma está allí en su cuerpo, aun cuando no tenga posibilidad de manifestar exteriormente la existencia de esa vida.

Carlos Mosso explica con sencillez: “Cuando se habla de un individuo que ha sufrido ‘muerte cerebral’, o lo que sería lo mismo, que está cerebralmente muerto, se puede inferir que no todo el individuo está muerto. Y ello es un imposible metafísico… No puede estar un poco muerto (el cerebro, por ejemplo) y un poco vivo (el resto del organismo), fundamentalmente porque si la muerte consiste en la separación del alma (forma) del cuerpo (materia), resulta inadmisible que un pedazo del alma se haya separado del cuerpo y otro pedazo del alma permanezca en él. Ello porque el alma del hombre es de naturaleza espiritual, por lo tanto simple e indivisible” (p.55)

Y el Magisterio reafirma esos conceptos:
“El reconocimiento de la dignidad singular de la persona humana implica otra consecuencia: los órganos vitales singulares sólo pueden ser extraídos después de la muerte, es decir, del cuerpo de una persona ciertamente muerta. Esta exigencia es evidente a todas luces, ya que actuar de otra manera significaría causar intencionalmente la muerte del donante al extraerle sus órganos. De aquí brota una de las cuestiones más recurrentes en los debates bioéticos actuales y, a menudo, también en las dudas de la gente común. Se trata del problema de la certificación de la muerte. ¿Cuándo una persona se ha de considerar muerta con plena certeza? Al respecto, conviene recordar que existe una sola “muerte de la persona”, que consiste en la total desintegración de ese conjunto unitario e integrado que es la persona misma, como consecuencia de la separación del principio vital, o alma, de la realidad corporal de la persona. La muerte de la persona, entendida en este sentido primario, es un acontecimiento que ninguna técnica científica o método empírico puede identificar directamente.” (JP II, 29/9/2000)



3.1. Condiciones generales


A- La información: no se puede ser deshonesto al informar al donante y al paciente sobre los métodos, los riesgos, la posibilidad de éxito, etc., para lograr efectuar el transplante a toda costa.
Al respecto dice Shewmon: “Hay un serio asunto de consentimiento informado. La mayoría de los firmantes de las tarjetas de donantes de órganos y de las familias que autorizan la donación tienen muy poco conocimiento de la muerte cerebral y de lo que realmente ocurre en las salas de operaciones. Cuando leen la frase ‘después de mi muerte’, muchos imaginan un cadáver sin pulso y podrían horrorizarse al saber que realmente significa ‘después de que yo esté en coma y sin respiración pero todos mis otros órganos estén funcionando bien’, y que ‘yo seré eviscerado mientras mi corazón esté todavía latiendo espontáneamente’. Más aun, nadie es informado de que la explicación para igualar muerte cerebral y muerte sigue siendo controvertida ni de que la evidencia empírica que se ha ido acumulando arroja serias dudas sobre ella. Por tanto, información altamente relevante para la decisión moral del donante potencial es sistemáticamente ocultada”
Y la misma Sociedad Médica Mundial advierte: “El médico tiene la obligación de discutir con el donante y el receptor o sus familiares responsables respectivos o representantes legales, el procedimiento a seguir y al hacerlo, debe explicar con objetividad el método, los riesgos y peligros que presenta, e indicar las otras soluciones posibles. El médico no debe crear esperanzas que las primeras circunstancias no justifican y su interés en el progreso del conocimiento científico siempre debe ser secundario a su preocupación principal que es el paciente. Siempre se debe obtener el consentimiento libre e informado.” (AMM, n.5)

B- Debida atención médica: no se puede ser negligente en la atención de un paciente porque es donador.

“No nos es lícito callar ante otras formas más engañosas, pero no menos graves o reales, de eutanasia. Estas podrían producirse cuando, por ejemplo, para aumentar la disponibilidad de órganos para transplante, se procede a la extracción de órganos sin respetar los criterios objetivos y adecuados que certifican la muerte del donante” (JP II, 1995)
“La primera preocupación del médico debe ser siempre la salud de sus pacientes. Esta preocupación, así como la lealtad deben ser preservadas en todas las intervenciones médicas incluidas las que impliquen el trasplante de un órgano de una persona a otra. Tanto el donante como el receptor son pacientes y por ello es necesario vigilar para que se protejan los derechos de uno y del otro. Ningún médico puede, por lo tanto, asumir la responsabilidad de un trasplante, si los derechos del donante y del receptor no están protegidos.
Un proyecto de trasplante de órgano no justifica de ninguna manera una laxitud de las normas habituales de atención médica. Estas mismas normas deben ser respetadas si el paciente es donante potencial o no.” (AMM, n.1 y 2)
C- Eliminar toda razón comercial. “…Todo procedimiento encaminado a comercializar órganos humanos o a considerarlos como artículos de intercambio o de venta, resulta moralmente inaceptable, dado que usar el cuerpo como un objeto es violar la dignidad de la persona humana” (J.P.II, 29/8/2000)
“Se condena toda compra y venta de órganos humanos para fines de trasplante.” (AMM)
Pero la realidad es que dado la decadencia moral en la que vivimos el tráfico de órganos es algo muy factible y una persona adinerada hará lo imposible por conseguir el órgano que necesita un ser querido o él mismo.

“En 1994 tuvimos conocimiento de un tráfico internacional de cadáveres humanos como material de repuesto para centros norteamericanos y alemanes principalmente. Tras la caída del muro de Berlín, la mafia rusa ha encontrado en este mercado de cadáveres humanos una macabra forma de ganarse la vida a costa de los muertos destinados a centros de experimentación y de transplantes de órganos. En algunos países de Centroamérica y Suramérica se habla de “niños de repuesto” Se los sacrifica como corderos inocentes para desguazar sus cuerpos y utilizar los órganos para fines científicos. En algunos países se especula con los cuerpos de los presos como material de usar y tirar. Más aun con los fetos humanos. En una reciente publicación de la UNESCO se nos hablaba del “almacén del cuerpo humano” Pronto iremos a abastecernos de órganos y tejidos en una especie de almacén de accesorios humanos…Los aspectos corruptos de estas prácticas son cada vez más conocidos y es conveniente fijar con claridad los criterios éticos que han de imperar sobre los grandes abusos y corrupciones humanas a que se prestan estas prácticas” (Blázquez, p.499)


3.2. Distintos casos

En sí misma la donación de órganos es un acto de caridad. Es como dar parte de uno mismo, ya que el cuerpo hace parte de la persona[4]. Y en ese sentido se aplican las palabras del Evangelio: “Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos”.
Cf. CAS, n.85 y n.90

Pero las circunstancias pueden cambiar esta valoración positiva.


A- El autotransplante
“Los trasplantes autoplásticos, en los cuales la resección y el reimplante se le hacen a la misma persona, son aprobados sobre la base del principio de totalidad, en virtud del cual es posible disponer de una parte por el bien integral del organismo.” (CAS, n.84)
B- Entre vivos
a- No tiene que significar un daño notable para el donante, físico o psicológico
Esto implica en muchos casos que se trata de órganos pares (riñones, pulmones) o solamente de una parte del órgano o tejido (hígado)
“No todos los órganos son éticamente donables. Para el trasplante se excluyen el encéfalo y las gónadas, que dan la respectiva identidad personal y procreativa de la persona. Se trata de órganos en los cuales específicamente toma cuerpo la unicidad inconfundible de la persona, que la medicina está obligada a proteger.” (CAS, n.88)
El corazón. No es lícito porque hay que matar a la persona, ya que el corazón se extrae latiendo (aunque haya muerte cerebral). Si el la parte del cerebro que “da la orden” al corazón de latir está muerto y el corazón sin embargo sigue latiendo, hay que buscar el motor en otro lado. Como dice Mosso: en el alma, que es la forma de todo el cuerpo.
b- Tiene que existir una causa justa y razonable
“…La extracción es lícita con la condición de que se trate de resección de órganos que no impliquen una grave e irreparable disminución para el donador. ‘Una persona puede donar solamente aquello de lo cual puede privarse sin peligro serio para la propia vida o la identidad personal, y por una justa y proporcionada razón’” (CAS, n.86)
c- Ser hecho con entera lucidez y libertad: “…Habrá que tener siempre en cuenta que nadie está obligado a ser héroe donando órganos no indispensables para su vida, que hay muchas formas de presión moral sobre los demás para que ofrezcan sus órganos sin la debida reflexión y libertad, y que ningún enfermo tiene derecho a exigir que otro se prive de un órgano suyo para dárselo a él. Están además los efectos psicológicos que lleva consigo este tipo de intervenciones.” (Blázquez, p.507)


C- Donante muerto
Si el sujeto está realmente muerto no exista objeción alguna para que se utilicen sus órganos. Siempre se habrá de respetar ese cuerpo que fuera templo de Dios y que está destinado a la resurrección. Por lo demás, ya no es sujeto de derecho porque ya no es persona, sino cadáver.
“…Se ha de respetar siempre como cadáver humano, pero ya no posee la dignidad de sujeto ni el valor de fin de una persona viviente. ‘El cadáver no es ya, en el sentido propio de la palabra, un sujeto de derecho, porque está privado de la personalidad que sólo puede ser sujeto de derecho". Por tanto "destinarlo a fines útiles, moralmente indiscutibles y elevados" es una decisión "no reprobable, sino más bien de justificación positiva’” (CAS, n.87)
Pero la cuestión crucial es saber si la ciencia está capacitada para determinar categóricamente la muerte de una persona.
El tema es tan importante que lo trataremos en el apéndice: “Dificultad para determinar el momento exacto de la muerte”



Listas de espera
El Papa Juan Pablo II decía que para saber a quién destinar un órgano se debía prescindir de todo criterio que implicara discriminación y atenerse solo a los criterios médicos.
“Desde el punto de vista moral, un principio de justicia obvio exige que los criterios de asignación de los órganos donados de ninguna manera sean “discriminatorios” (es decir, basados en la edad, el sexo, la raza, la religión, la condición social, etc.) o “utilitaristas” (es decir, basados en la capacidad laboral, la utilidad social, etc.). Más bien, al establecer a quién se ha de dar precedencia para recibir un órgano, la decisión debe tomarse sobre la base de factores inmunológicos y clínicos. Cualquier otro criterio sería totalmente arbitrario y subjetivo, pues no reconoce el valor intrínseco que tiene toda persona humana como tal, y que es independiente de cualquier circunstancia externa.” (29/8/2000)


D- De animal a ser humano (xenotransplantes)[5]
Dependerá de qué órgano o tejido se trate.
“Existen también trasplantes heterólogos, o sea con órganos de individuos de especie diversa del receptor. ‘No se puede decir que todo trasplante de tejidos (biológicamente posible) entre dos individuos de especie diversa sea moralmente condenable, pero igualmente es menos verdadero que todo trasplante heterogéneo biológicamente posible no sea prohibido o no suscite objeciones. Se debe distinguir según los casos y ver cuál tejido y cuál órgano se trata de transplantar. El trasplante de glándulas sexuales animales al hombre es rechazable por inmoral; en cambio el trasplante de córnea de un organismo no humano a un organismo humano no causaría ninguna dificultad si fuese biológicamente posible e indicado.
Entre los trasplantes heterólogos se incluyen también los injertos de órganos artificiales, cuya licitud está condicionada por el beneficio efectivo para la persona y por el respeto a su dignidad.” (CAS, n.89)
Cf. sobre esto:
- Pío XII, año 1956
- JP II, 29/8/2000
- AMM, año 1987, n.4

E- Clonación y transplantes
El Papa JP II advirtió sobre la inmoralidad de pensar en la clonación en vistas a “fabricar” órganos.

“…De todos modos, se deberán evitar siempre los métodos que no respeten la dignidad y el valor de la persona. Pienso, en particular, en los intentos de clonación humana con el fin de obtener órganos para trasplantes: esos procedimientos, al implicar la manipulación y destrucción de embriones humanos, no son moralmente aceptables, ni siquiera cuando su finalidad sea buena en sí misma. La ciencia permite entrever otras formas de intervención terapéutica, que no implicarían ni la clonación ni la extracción de células embrionarias, dado que basta para ese fin la utilización de células estaminales extraíbles de organismos adultos. Esta es la dirección por donde deberá avanzar la investigación si quiere respetar la dignidad de todo ser humano, incluso en su fase embrionaria.” (29/8/2000)




4)- La legislación argentina

1. Entre vivos:
- La ley 24.193 establece que para ser donante vivo tiene que haber parentesco directo. Se trata del riñón y de hígado (que se puede segmentar)
- Solo en le caso de médula ósea, que es un tejido renovable, puede no tener relación de parentesco con el receptor.


2. De muerto:
A partir de abril del año 2006 existe en Argentina la Ley del donante presunto: si no se dice nada expresamente, se supone que la persona fallecida ha querido donar sus órganos y tejidos. Evidentemente se trata de un abuso del poder estatal.
Para manifestar su negativa a donar el sujeto tiene tres vías:
- Firmar un Acta
- Consignarlo en el DNI
- Enviar un telegrama

Todas las personas mayores de 18 años pueden manifestar en forma expresa su voluntad afirmativa o negativa respecto a la donación de los órganos y tejidos de su propio cuerpo, a través de las siguientes vías:
- Firmar un acta de expresión en el Incucai, en los Organismos Jurisdiccionales de Ablación e Implante de todo el país, o en la sección Documentación de la Policía Federal.
- Asentarlo en el Documento Nacional de Identidad en las oficinas del Registro Civil de todo el país.
- Enviar un telegrama gratuito desde las dependencias del Correo Argentino de todo el país (sólo para expresar oposición), cuyo texto es allí provisto.

En caso de manifestación afirmativa, la persona puede restringir la voluntad a la donación de determinados órganos y tejidos y condicionar la finalidad de la donación. Es decir, puede determinar cuáles son los órganos desea donar y con qué fines -trasplante o investigación-. Cuando se autoriza la donación para investigación, los órganos se destinan a ampliar el conocimiento científico sobre los trasplantes, siempre que exista un estudio en curso.


Ausencia de manifestación de voluntad
De no existir manifestación expresa ni a favor ni en contra, la ley presume que la persona es donante. En ese caso, en el momento de la muerte, el Incucai o el organismo responsable solicita testimonio a la familia sobre la última voluntad del fallecido respecto a la donación de sus órganos y tejidos.
Sólo cuando la persona no haya dejado constancia expresa, los familiares directos son quienes dan cuenta de la voluntad respecto a la donación de órganos, y ésta debe condecir con la última voluntad del fallecido.
Se cree que en la mitad de los casos que no se puede llevar a cabo los transplantes es por la negativa familiar.

Revocación de voluntad
La expresión afirmativa o negativa puede ser revocada en cualquier momento por el manifestante por medio de los canales mencionados pero no puede ser revocada por persona alguna después su muerte.
De este modo, la legislación protege la autonomía de las personas, dando primacía a la expresión de voluntad en forma explícita.

Menores de 18 años
Ante el fallecimiento de menores de 18 años no emancipados, sólo los padres o representantes legales pueden decidir sobre la donación y autorizar o no la ablación de órganos y tejidos.



Para determinar el momento de la muerte
En nuestro derecho no existió una definición legal de muerte hasta la sanción de la ley 21541 de 1977, la cual en su articulo 21 determinaba que ella consistía en el “cese total e irreversible de las funciones cerebrales”.

La ley 23464 de 1987 modificó ese criterio estableciendo que la muerte se manifestaba por la “cesación total e irreversible de las funciones encefálicas cuando hubiese asistencia mecánica”.

Mas tarde, en 1993 la ley 24193 estableció en el artículo 23 la obligación de verificación de un modo acumulativo de varios signos para detectar la muerte de una persona:

a) -Ausencia irreversible de respuesta cerebral, con pérdida absoluta de conciencia.
b)- Ausencia de respiración espontánea.
c)- Ausencia de reflejos cefálicos y constatación de pupilas fijas no reactivas.
d)- Inactividad encefálica corroborada por medios técnicos o instrumentales adecuados a las diversas situaciones clínicas.
e)-La verificación de los signos referidos en el inc. d) no será necesaria en caso de paro cardiorrespiratorio total e irreversible.

La constatación de tales signos, debe repetirse a las 6 horas de verificados por primera vez.

Respecto a esta ley Mosso hace diversas consideraciones de importancia (p.68 ss.):
- Si “la verificación de los signos referidos en el inc. d) (‘inactividad encefálica…’) no será necesaria en caso de paro cardiorrespiratorio total e irreversible, está reconociendo implícitamente al paro cardiorrespiratorio como el signo inequívoco de la muerte, de lo que se infiere que la inactividad encefálica no lo es”.
- La segunda observación interesante es que la ley reconoce implícitamente que los medios técnicos de hoy día pueden no ser infalibles y que el día de mañana se descubra que se decretaron muertos a ciertos pacientes (con inactividad encefálica) que en realidad no lo estaban. Ya que dice que la nómina de los medios técnicos e instrumentales será periódicamente actualizada por el Ministerio de Salud y Acción Social con el asesoramiento del INCUCAI.





5)- Dificultad para determinar el momento exacto de la muerte

1. No es tan evidente que la ciencia esté en condiciones de decretar infaliblemente la muerte de un individuo.
Por un lado, la ciencia no puede definir categóricamente el momento de la muerte, porque la muerte es separación del alma del cuerpo, misterio que escapa absolutamente a su competencia.
Puede señalar indicios, efectos, que permitan tener cierto grado de probabilidad, no total, pero si muy grande, de que ha tenido lugar el deceso. Lo que se llama “certeza moral” (ausencia de toda duda razonable)
La Medicina mundial estima en general hoy día que si existe muerte cerebral, el paciente debe ser considerado muerto.

La muerte cerebral implica el cese irreversible de las funciones cerebrales que pone fin a la integración de la unidad psicofísica del organismo.
“La pérdida total e irreversible de todas las funciones cerebrales, implica un paro cardíaco y respiratorio de más de 15 a 20 minutos como regla. Durante ese tiempo, el tejido cerebral sucumbe irreversiblemente debido a la falta de oxígeno”

2. Sin embargo, existe más de una voz discordante, en mayor o menor grado:

a- El P.Blázquez, OP dice lo siguiente: “Personalmente no estoy de acuerdo en que la llamada ‘muerte cerebral sea el criterio único y exclusivo para certificar la muerte real y total de una persona con vistas a utilizar órganos corporales…La ley debería exigir que se tenga en cuenta, junto con el criterio de muerte cerebral, el de la muerte cardiaca” (o.c., p.508)
b- “Son abundantes los casos registrados por la literatura científica de personas a las que se les había diagnosticado muerte cerebral y que despertaron y continuaron viviendo” (Mosso, p.61)
Recordemos el caso de Karen Quinlam a la que se le desconectó el respirador artificial y siguiendo respirando sola por varios meses.
Por otro lado, Mosso dice, más adelante: si se considera que alguien que está muerto porque su cerebro no funciona, aunque su corazón esté latiendo, ¿qué problema habrá en eliminar a los niños anencefálicos o abortar a los que tienen solo dos semanas de vida, ya que el cerebro empieza a formarse el día 14 después de la unión de los gametos? (p.75-76)
c- El Doctor Alan Shewmon[6] pronunció en octubre del año 1999 una excelente conferencia en la Universidad de Navarra. De ella extractamos en forma resumida algunas observaciones:
* Muchos médicos no creen realmente que el paciente con muerte clínica, esté realmente muerto. Pero que de todas maneras, en poco lo estarán. Y así están dispuestos a extraer un corazón que late espontáneamente si existe muerte cerebral.
* El hecho de que no funcionen los hemisferios cerebrales no implica necesariamente que no haya percepción, vida consciente, si el sujeto tiene intacto el tronco cerebral. Shewmon dice que para considerarse realmente muerte tiene que involucrar:
- la corteza cerebral
- el diencéfalo
- la formación reticular de un tronco del cerebro
* En base a ciertos estudios se estableció: “Así como sólo la corteza no era absolutamente necesaria para la conciencia, el tronco del cerebro y el hipotálamo no eran absolutamente necesarios para la unidad somática del organismo como algo completo”
* En 175 casos los pacientes, declarada la muerte cerebral, sobrevivieron más de una semana.
La muerte cerebral no lleva necesariamente a un inminente paro cardíaco
El paro cardíaco sobreviene a veces por causas ajenas a la muerte cerebral (aunque paralelamente esté presente)
* Se parte del falso supuesto que el cerebro es quien da la unidad al todo, por lo que al no funcionar el cerebro, no puede haber “organismo” humano, ni por lo tanto, persona. Contrariamente “la mayoría de las funciones integradoras mediadas por el cerebro no son somáticamente integradoras; y a la inversa…”
P.ej: es verdad que la respiración como aire que ingresa y sale de los pulmones es una función coordinada por el tronco cerebral. Pero si se la entiende como intercambio entre oxígeno y CO 2 es una función química de la mitocondria de las células del cuerpo.
“Lejos de constituir un integrador central sin el cual el cuerpo se reduce a un mero saco de órganos, el cerebro sirve como modulador, buen sintonizador, optimizador, fortificante y protector de una unidad somática implícitamente ya existente e intrínsecamente mediada”
* Shewmon postula, pues, como criterio de muerte: “la cesación sostenida de la circulación de sangre oxigenada.” No es lo mismo que antes “cardio-pulmonar” ya que “ni el latido del corazón espontáneo ni la respiración son esenciales para la vida, pero la circulación y la respiración química lo son”.

d- Finalmente para cerrar la cuestión médica transcribimos algunas consideraciones de Hans Thomas que son esclarecedoras:
“…Un muerto cerebral con respiración artificial permanece caliente, suda, muestra todavía reflejos; un cadáver se pone frío, rígido, cambia de color, desprende olores de putrefacción. Apelando al empirismo no se pueden considerar como idénticos dos estados o procesos obviamente distintos.
La decisión del comité de Harvard ad hoc de 1968 de fijar la muerte cerebral como criterio de la muerte respondía, por un lado, a una razón práctica: legitimar la extracción de órganos en los muertos cerebrales; por otro lado, a una razón objetiva: el paro cardiaco había dejado de ser un claro indicio de muerte como consecuencia de la reanimación a través de masajes cardiacos y, aún con más razón, con el transplante de corazón. Con el empleo de la máquina de circulación extracorpórea que sustituye corazón y pulmones, el corazón ya no constituía, en sentido estricto, un órgano necesario para la vida. Quien recibe el órgano en un transplante de corazón, vive un tiempo sin él. La experiencia de que al paro cardiaco le seguían irremediablemente las señales infalibles de la muerte: interrupción de la comunicación, inmovilidad, enfriamiento, rigidez, demudación, olor pútrido era la razón por la que éste era considerado un indicio fiable de muerte. Se sabía, sin embargo, que el cerebro reacciona muy sensiblemente aun fallo de la circulación sanguínea interrumpiendo las funciones cerebrales. Transcurridos 10 minutos, el cerebro está totalmente destruido. El fallo de las funciones cerebrales lleva a una parálisis de la respiración, ésta a que el corazón no es alimentado con oxígeno, con lo cual se produce el paro cardiaco y el resto de las ya conocidas señales de muerte. Ante esta interdependencia de corazón y cerebro era lógico ver el fallo irreversible de las funciones cerebrales, mejor, en la destrucción de todo el cerebro, la indudable y decisiva señal de muerte. Hasta aquí nos movemos en el terreno del empirismo, de la experiencia médica.
Si el fallo de las funciones del cerebro se da, sin embargo, en un paciente que está conectado aun respirador -sólo en este caso hablamos en sentido estricto de muerto cerebral -no siguen entonces ni el paro de corazón, ni los otros conocidos indicios de muerte. El respirador actúa (si es el caso con aval de otras medidas) como prótesis, que sustituye una función cerebral importante. Así como cualquier prótesis sustituye una función corporal, como en el caso del marcapasos la regulación del corazón, el respirador carga con el control de la respiración. El corazón sigue latiendo, la circulación sanguínea del muerto cerebral sigue funcionando. Pero se trata -según el concepto de muerte cerebral de un cadáver.
La muerte cerebral se declaró como señal irreversible de muerte, porque -según el razonamiento original -a ésta le sigue también el paro cardiaco. Con otras palabras porque, según los conocimientos médicos, es imposible vivir sin el funcionamiento del cerebro. En la unidad de cuidados intensivos, esta imposibilidad médica se enfrenta al hecho de que, con respiración artificial, siguen funcionando el corazón y la circulación sanguínea. Desde el punto de vista médico se suele argumentar que el muerto cerebral está, a pesar de todo, muerto, pero que la función de la circulación sanguínea se mantiene desde fuera de forma puramente maquinal y técnica.
Este argumento es interesante porque nunca se utiliza si alguien vive sólo gracias aun marcapasos, que en su caso solo garantiza el funcionamiento de la circulación sanguínea desde; fuera y técnicamente. Si bien el respirador es una condición indispensable para que permanezcan las funciones fisiológicas en el muerto cerebral, no es condición suficiente. No se trata solamente de una función más o menos mecánica de la circulación. En el organismo del muerto cerebral se mantienen el metabolismo y la homeostasis; se suceden procesos de desgaste de energía; se aprovecha la alimentación; se puede incluso continuar con un embarazo. Todo esto no son las funciones propias y naturales de una bomba de aire, de una infusión de alimentos y de, por ejemplo, eventuales medios añadidos para estabilizar la circulación.”

“La constatación de la muerte cerebral es complicada justo porque hay señales de vida, porque el muerto cerebral para el espectador sin prejuicios no está muerto. Si la muerte cerebral es una señal de muerte, la constatación de que alguien está muerto queda fuera de la comprensión y la experiencia humana. Esto se refleja en lenguaje. No es sólo el sentido común el que se rebela contra “un cadáver con latidos de corazón”. Cualquiera que sentado en la cama de su esposa sintiese su pulso, tendría que dominarse mucho si le dijesen que está muerta. y el habla enmudece si se le ha de enumerar que es lo que realmente sucede al desconectar el respirador: si ya está muerta, tampoco puede “morir realmente”
“…Pero presupongamos por una vez que, con la pérdida de las funciones integradoras del cerebro, se desintegra el organismo dependiente. Este paciente está por lo tanto muerto. Llega entonces un paciente con hemorragia o con un tumor, que ha destruido gran parte del tronco cerebral, sin que todo el encéfalo esté directamente afectado. Todavía se dan algunas funciones corticales, incluso quizás aún consciencia y apreciación de los sentidos . La respiración se ha paralizado. Del mismo modo no hay control cerebral del cuerpo dependiente como en el caso de destrucción cerebral total Por lo tanto, el cuerpo dependiente está en el proceso de desintegración -según la teoría de la integración -, y las funciones de los órganos que aún permanecen sólo son señales de vida en sentido análogo. Aunque este paciente vive sin lugar a dudas, según el mismo concepto de la muerte cerebral, puesto que éste exige el paro irreversible de toda la función cerebral, la necrosis de todo el cerebro. En este caso, la máxima de que sin control cerebral no hay integración, sino descomposición del cuerpo, nos falla por tanto…”


3. La Iglesia no puede dogmatizar en materia científica, aunque se someta al dictamen de la ciencia, para permitir obrar rectamente en conciencia y no permanecer en una perplejidad continua.

3.1. “Frente a los actuales parámetros de certificación de la muerte -sea los signos “encefálicos” sea los más tradicionales signos cardio-respiratorios-, la Iglesia no hace opciones científicas”
(No.4 y 5 del Discurso de JPII de agosto del 2000)

3.2. Sin embargo, la Carta a los Agentes Sanitarios (1994) sí hacía suya la hipótesis de que la muerte cerebral es signo indubitable de fallecimiento -lo que no deja de causar cierta perplejidad- :
“Es necesario tener la absoluta certeza de estar en presencia de un cadáver, para evitar que se extraigan órganos que provoquen o aunque solo sea que anticipen la muerte. La extracción de órganos de cadáver es autorizada si está seguida de un diagnóstico de muerte certificada del donador. De ahí el deber de ‘tomar medidas para que un cadáver no sea tenido y tratado como tal antes de que la muerte no haya sido debidamente constatada’
Para que una persona sea considerada cadáver es suficiente la comprobación de la muerte cerebral del donador, que consiste en la ‘suspensión irreversible de todas las funciones cerebrales’. Cuando la muerte cerebral total es constatada con certeza, es decir, después de una cuidadosa y exhaustiva verificación, es lícito proceder a la extracción de los órganos, como también prolongar artificialmente las funciones orgánicas para conservar vitales los órganos en vista de un trasplante.” (n.87)
3.3. La Pontificia Academia de Ciencias:
* Declaración de octubre de 1985: “La muerte sobreviene cuando…
- Las funciones espontáneas cardíacas y respiratorias cesaron definitivamente
-Se verificó una cesación irreversible de toda función cerebral”
* En 1989: “Una persona está muerta cuando ha sufrido una pérdida total e irreversible de la capacidad para integrar y coordinar todas las funciones del cuerpo –físicas y mentales- en una unidad funcional”
4. La Asociación Médica Mundial dispuso en su 39ª. Asamblea:

- Para la certificación de la muerte del donante se necesita el parecer de dos médicos, los cuales no estén vinculados con el transplante en cuestión
- No dice concretamente cuál son los métodos a seguir para cerciorarse de dicha muerte, aunque evidentemente remite a los conocimientos científicos.
“Cuando con vistas a un trasplante, un órgano ha de ser extirpado de un donante después de su muerte, ésta debe haber sido certificada de manera independiente por dos o más médicos que no tengan nada que ver con dicho trasplante. La muerte será determinada por la opinión de cada médico. Para determinarla, cada médico utilizará métodos científicos reconocidos y se basará en criterios conformes con las reglas de ética y las normas profesionales establecidas por la asociación médica nacional y otros organismos médicos competentes.” (AMM, n.3)

5. Hans Thomas hace esta observación: la medicina tiene la obligación de cerciorarse de la muerte real del donante aun cuando éste no ponga objeción al hecho de que se le puedan extirpar los órganos estando vivo.
“La voluntad del paciente no puede justificar una acción éticamente reprochable. Esto es válido tanto en el caso de muerte solicitada como cuando no se accede a amputar la pierna sana de un mendigo que lo desea porque espera obtener así elevados ingresos. También en la cuestión central de la Medicina de transplantes, que sigue siendo la cuestión del estado de muerte cerebral, la voluntad del donante no sustituye la justificación objetiva ética”
Bibliografía
Blázquez, Niceto. Bioética fundamental. Madrid, BAC, 1996
Desclos, Jean. Transplantes de órganos, un acto de amor. Bs.As., Ed. San Pablo, 1994
Mosso, Carlos José. Derecho, Moral y vida. Bs.As., Cruzamante, 1997.
Declaración de la Asoc. Médica Mundial sobre el transplante de órganos humanos. (39ªAsamblea Méd.Mund., Madrid, 1987)

Magisterio:
Juan Pablo II. Encíclica Evangelium Vitae. 25/3/1995
Pontificio Consejo para la Pastoral de los Agentes Sanitarios. Carta de los Agentes Sanitarios.(CAS) 1995
Congregac. para la Doctrina de la Fe. Donum Vitae
Juan Pablo II. Discurso a los participantes en un Congr.sobre Transp.., 20/6/1991
Juan Pablo II. Discurso con ocasión del XVIII Congr. Intern. de la Soc. de transplantes (29/8/2000)
Catecismo de la Iglesia Católica
Documento del Episcopado Español (Comisión Episcopal de Pastoral ) del año 1984.-
Declaración conjunta del Episcopado Alemán y la Iglesia Evangélica de ese país del 2 de julio de 1990.-

Artículos
Thomas, Hans. Ética de los transplantes
Shewmon, Alan. Determinando el momento de la muerte: nuevas evidencias, nuevas controversias (Conf. dada en las Jornadas de Bioet. en la Universidad de Navarra, oct.1999)

Legislación Argentina:
- Ley 24.193
- Ley 26.066 del 22/1/2006







ÍNDICE

1)-Nombre y clases
2)- Realización
3)- Valoración moral
3.1. Condiciones generales
3.2. Distintos casos
A- El autotransplante
B- Entre vivos
C- Donante muerto
D- De animal a ser humano (xenotransplantes)[7]
E- Clonación y transplantes
4)- La legislación argentina
5)-Dificultad para determinar el momento exacto de la muerte

Bibliografía


[1] Una vez que muere la persona comienza el proceso de desintegración de los órganos y tejidos
[2] Mientras redacto este artículo se pone al descubierto una vez más a un genocida: un médico porteño con muchos años en su profesión, que se dedica a masacrar niños en el vientre materno para poder pasar sus vacaciones en Punta del Este. Con todos los conocimientos que se tienen hoy día, con ecografías a todo color, ya no tienen excusa…
[3] P.ej. en Evangelium Vitae, n.68 ss.
[4] “En virtud de su unión sustancial con un alma espiritual, el cuerpo humano no puede ser reducido a un complejo de tejidos, órganos y funciones…ya que es parte constitutiva de una persona, que a través de él se expresa y se manifiesta” (Donum vitae, 3)
[5] Ej: válvulas biológicas en las operaciones de corazón extraídas de cerdos
[6] Profesor de Neurología Pediátrica. Medical School UCLA, Los Ángeles
[7] Ej: válvulas biológicas en las operaciones de corazón extraídas de cerdos