Esta es una página para difundir la Doctrina Católica. El nombre es redundante porque no existen templarios no católicos, pero dado que masones y delirantes de todos los colores han acaparado el nombre, se ha hecho necesario el adjetivo.

domingo, 20 de abril de 2008

SECCIÓN: EL HOMBRE DE DIOS

SECCIÓN: EL HOMBRE DE DIOS



¿ Por qué me hice cura?

Monseñor Jorge Monastoque Valero


No fue porque no supiera
Era porque lo sabía
Que fui joven y soy hombre
Y capaz como cualquiera
Y aquel día
En que yo lo decidía
Entendí lo que yo era
Entendí lo que yo hacía

Renunciaba yo al amor,
Con alegría
Verdad
Por algo muy superior
Que amor era y el mejor:
Renunciaba
La humana paternidad
Y escogía
La soledad

No quise llegar a casa
Y gritar:
“Jorge, Lucía”,
Y sentir brotar el día
En los rostros de azucena
De unos hijos que al besar
A su padre, a la serena
Luz de la tarde muriente
Todo lo hacen olvidar
Con un beso puro y niño
Impreso sobre la frente

De sobra me lo sabía

Que cuando a viejo llegara
Y el aldabón de mi puerta
Golpeara,
Nadie me contestaría.
En el viejo caserón
En do los que no son no son,
Sería un extraño viajero
Desolado pregonero
Recargado en su bastón
Nadie a mi encuentro saldría
La espantosa soledad
Me espantaría
Y el pobre pan familiar,
Como yo no tengo hogar,
Solo me lo comería.

Me lo sabía de memoria,
Y era verdad.
Soledad para la vidad
Y en la muerte: ¡Soledad!

Un cura es siempre
Una historia incomprendida.
El que cura fue y pastor
Los sepulcros visitaba.
Mil oraciones decía
Misas de “Requiem” cantaba,
Todas las tumbas quería.
Era un padre. Era el amor.
Cuando muerto y lo enterraron
Si algunas almas lloraron
Fueron pocas.
Las demás,
Para siempre lo olvidaron
Oh dolor, dolor, dolor!

No hay tumba más desolada
Que esa tumba
Ni un recuerdo, ni una flor.
De todos abandonada
Solo el vidrio de la helada,
Cardos, espinas, frialdad,
Derruida y entregada
A su propia soledad.

No fue porque no supiera
Era porque lo sabía!
Era porque al pobre amor
De la tierra, lo vencía
Otro amor muy superior.
Era un amor que me haría
Padre de las almas: ¡Cura!
Pastor del rebaño: guía;
Confesor de pecadores.

Levadura
La sal, la luz de la tierra.
Redentor, engendrador
De hijos de Dios e hijos míos.
Luz para todo el que yerra.
Para el huérfano: el amor.
Para los pobres: el pan
De toda amargura, antena.
De madre fiel corazón
Que llora con tanta pena,
De padre, la protección.

Y aunque el dolor me taladre,
Conseguir, sí, que las almas
Me llamen, en coro: ¡Padre!
Y en Cristo los ojos fijos
Y mustios
Los labios por el anhelo
Con los hijos de mis hijos
Y los nietos de mis nietos
De santos llenar el cielo!

Y, morir como muriera
El que conquistó mi amor.
Porque en cruz y abandonado
Muere todo redentor

No fue porque no supiera
Era porque lo sabía!

No por buscar un honor
Y huir de la vida dura;
Por amor, yo me hice cura,
Por amor!

Quien haga de mi memoria
Diga que yo decía
Que ser cura fue mi gloria
Y el ser heraldo de amor
Y el ser de la clerecía
De Cristo Nuestro Señor.

No fue porque no supiera,
Era porque lo sabía!



TEMORES EN EL FAVOR

Lope de Vega

Cuando en mis manos,
Rey eterno, os miro,
de mi atrevida indignidad me espanto,
y la piedad de vuestro pecho admiro,

tal vez el alma con temor retiro,
tal vez la doy al amoroso llanto;
que arrepentido de ofenderos tanto,
con ansias temo y con dolor suspiro.

Volved los ojos a mirarme humanos;
que por las sendas de mi error siniestras
me despeñaron pensamientos vanos.

No sean tantas las miserias nuestras
que a quien os tuvo en sus indignas manos
vos le dejéis de las divinas vuestras.



EL SACERDOTE

J. López de Ubeda
(esp. S.XVI)

Concede al sacerdote el Rey del cielo
Las llaves del poder y preminencia;
El Hijo eterno, la divina ciencia,
Y el Espíritu Santo, amor y celo.

La Virgen, humildad para en el suelo,
El gran San Juan Bautista, penitencia,
El mártir San Lorenzo, la paciencia,
Y orando San Hierónimo, consuelo.

El seráfico santo, en gran pobreza
Nunca curar de cosa transitoria,
Y San Miguel Arcángel, fortaleza.

Los confesores, en la fe victoria,
Las vírgenes le dan santa limpieza,
Y Dios por esto gracia, y después gloria.