Esta es una página para difundir la Doctrina Católica. El nombre es redundante porque no existen templarios no católicos, pero dado que masones y delirantes de todos los colores han acaparado el nombre, se ha hecho necesario el adjetivo.

miércoles, 2 de febrero de 2011

LA UNIVERSIDAD CATÓLICA





LA UNIVERSIDAD MEDIEVAL

R.P.Brian Moore



ÍNDICE

1- Nombre y definición
2- Antecedentes
3- Nacimiento
4- La estructura de la Universidad
5- Las etapas de formación
6- El método de enseñanza
7- El año escolar y la jornada educativa
8- Los alumnos: “Nihil novum sub sole…”


BIBLIOGRAFÍA



1)- NOMBRE Y DEFINICIÓN

1.1. Nombre: “Universidad” viene de “uni-versus” o lo que es lo mismo “versus unum”, es decir el conjunto de los que tienden a una misma cosa.
En el tema que nos ocupa se trata de los que tienen como objetivo común la búsqueda de la sabiduría. La “universitas scholarum” es la “corporación de profesores y alumnos”, ya que en ese entonces “scholares” eran tanto los maestros como los discípulos.


1.2. Definición: Para saber qué es una cosa, basta preguntar para qué es; porque hay una relación esencial entre el fin y el constitutivo de su ser. En efecto, de la esencia de un ser proceden sus propiedades esenciales.
De allí que se pueda definir a la Universidad como “la corporación de estudiantes y profesores, que por la investigación y la docencia se ordena a la contemplación de la verdad” (Caturelli)

2)- ANTECEDENTES

2.1. La escuela monacal
2.2. Las disposiciones de Carlomagno
2.3. Las escuelas catedralicias
2.4. La Escuela de Toledo



2.1. La vida intelectual en los monasterios
La escuela MONACAL fue creada en Oriente y difundida por Occidente desde el siglo VI. Abarcaba tres instituciones diferentes:
- Escuela externa: educación elemental para oblatos antes de ser admitidos como monjes, y a jóvenes no destinados al claustro.
- Escuela interna: al monje se le enseñaba; progresaba en el estudio y conocimientos de la Escritura
- Escuela en sentido amplio: el monasterio es un lugar en que el monje desarrolla una vida intelectual.


2.2. Las disposiciones de Carlomagno
2.2.1. Con Carlomagno se impulsa la educación y la creación de escuelas. Destinado a construir la ciudad de Dios, pensó que había que fortalecerse en el conocimiento de la fe, empresa para la cual inició una renovación cultural llamada “Renacimiento Carolingio” (último cuarto del siglo VIII hasta el primero del siglo X).
2.2.2. Hubo dos motivaciones para este renacimiento: el uso de la escritura religiosa y el de la administrativa. Citemos la célebre Capitularia de 789, en la que Carlomagno exhortaba a obispos y abades a abrir escuelas episcopales y monacales en los siguientes términos: “Que haya escuelas para la instrucción de los jóvenes. Que en cada monasterio y obispado se enseñen los salmos, el cómputo, el canto, la gramática, y que haya libros cuidadosamente corregidos. Pues a menudo los hombres que quieren rogar a Dios no lo pueden hacer bien a causa de la incorrección de los libros que tienen en las manos”.
El mismo Carlomagno dio ejemplo abriendo la Escuela Palatina de Aquisgrán , en la que los scriptoria se dedicaron a elaborar numerosos manuscritos con ilustraciones (miniaturas) de gran calidad. Desarrolló su labor durante el último cuarto del siglo VIII, destacando los libros de Godestalc ( Evangeliario ) y Ada (Evangelios).
2.2.3. Personajes de este renacimiento carolingio son Pedro de Pisa, Paulino de Aquilea, Paulo Warnefrido (gramáticos), Abogardo (arzobispo de Lyon en 804 que luchó contra la herejía adopcionista). Pero el más importante fue Alcuino de York (ca. 735-804), quien dijo: “Las disciplinas gramaticales y filosóficas conducen a la cima de la perfección”. Se centró en dos cuestiones: - las artes liberales como medio de explicación de las doctrinas sagradas y de interpretación de las Escrituras (especialmente la dialéctica) - la ética, basada en Cicerón y Casiodoro.


2.3. Las escuelas catedralicias

2.3.1. Desde el siglo IX, y en continuidad con la preocupación manifestada por Carlomagno al respec¬to, la Iglesia insistió en el deber que tenían sus obispos de proveer maestros para la enseñanza de la gramática y de las artes liberales, y ello, si bien regía para las escuelas parroquiales, era mucho más importante en cuanto a las escuelas catedralicias
2.3.2. Así, a fines del siglo X, existían y eran muy conocidas las escuelas catedralicias de Lieja, Reims, Laon, Paris, Orleans, Chartres.
En estas escuelas, los estu¬diantes y los maestros eran clérigos, o aspirantes a tales.
En ellas se estudiaba fundamentalmente la gramática:
- Ars Minor (Donato, s. IV);
- Tratado de Gramática (Prisciano, s. VI).
Más adelante se introdujeron los estudios enciclopédicos basados en las siete artes liberales:
- Las bodas de Filología y Mercurio (Marciano Capella);
- La consolación natural o de la Filosofía y diversos Comentarios a la obra aristotélica (Boecio);
- Chronica o Historia Universal e Introducción a las lecturas divinas y humanas (Casiodoro);
- La educación del clero (Rabano Mauro).

2.3.3. Gregorio VII (1073-1085) recordó la obligación de mantener estas escuelas catedralicias exigiendo incluso que los obispos se preocupasen de la enseñanza de las artes liberales.
2.3.4. Alejandro III , Papa entre 1159 y 1181, reestructuró los centros docentes de la Cristiandad y reguló la “licentia docendi”, fijando la necesidad de que existiera en las catedrales un maestro que se ocupara de los clérigos y de los estudiantes pobres.
2.3.5. Fue el Decretum de Graciano, hacia 1160, el que consagró la obligación de los obispos de asignar maestros a las escuelas catedralicias y a otras, para enseñar los conocimientos de las artes liberales y de la doctrina sagrada. Fueron en realidad escuelas libres a las que acudían laicos igualmente. Se convirtieron en escuelas urbanas.

2.4. La Escuela de Toledo

La Escuela de Toledo (traductores) permite redescubrir a Aristóteles.

“Ciertamente, los escolásticos del siglo XII estaban vivamente preocupados por la recuperación de aquellas obras de la Antigüedad grecorromana perdidas durante la época de las Invasiones. Los monjes benedictinos habían salvado buena parte desde los tiempos de Carlomagno pero se habían concentrado en las obras literarias antes que en las científicas o filosóficas. Por el contrario, los árabes habían concentrado sus esfuerzos en estas últimas desde que el califa abasí Al Mamun fundara en el siglo IX la Bayt al Hikma (“Casa de la Sabiduría”) en Basora, una escuela de traductores que tradujo al árabe el corpus científico y filosófico grecorromano.
En la ciudad de Toledo, recientemente reconquistada a los musulmanes, el arzobispo francés Raimundo (1125-1151) decidió fundar una Escuela de Traductores cristiana y bajo su protección dio comienzo la titánica labor a lo largo de casi cien años de equipos de traductores judíos, musulmanes y cristianos procedentes de toda Europa que vertieron al latín y al castellano muchas obras perdidas del pasado. En particular, fue decisiva su recuperación de las obras de Aristóteles, que a finales del siglo XII comenzó a desplazar a Platón como el príncipe de los filósofos para los escolásticos.
Fueron, por consiguiente, estos abnegados traductores toledanos los pioneros del renacimiento del siglo XII, al recuperar no solo la obra de Aristóteles sino en general el conjunto del Quadrivium.”



3)- NACIMIENTO DE LA UNIVERSIDAD

En Europa existen 85 instituciones formativas que son anteriores al Renacimiento; 70 son universidades.

3.1. Pranotandos:

3.1.1. EL BURGO MEDIEVAL. El marco de su surgimiento es el nacimiento de las ciudades y la vida mercantil, después de siglos de ruralización y economía de subsistencia, bajo el sistema feudal. En ese momento existían las escuelas monásticas; el “scriptorium” y el monje copista.

3.2.1. UNIVERSIDAD NO ES SINÓNIMO DE EDIFICIO.
La Universidad fue primero una realidad moral que física; no hubo universidades en el sentido arquitectónico, como espacio físico, sino hacia fines de la Edad Media cuando la Universidad ya llevaba funcionando dos siglos.
En los siglos XII y XIII la Universidad estaba donde enseñaban sus profesores; el lugar variaba según la época del año y podía ser tanto un claustro catedralicio o una abadía como una plaza al aire libre. “Ubi scholastici ibi Universitas”
Además los primeros edificios no estaban destinados a dar clases, sino a acoger a estudiantes sin recursos. El más antiguo (que perdura) es el fundado por el cardenal Sorbon, el Colegio de la Sorbona de Paris.
El hecho de identificar el aulario con las facultades y, en general, con la Universidad, es algo muy reciente, fruto de la organización napoleónica de la Universidad. Por eso en ciertas universidades inglesas como Cambridge y Oxford se da más importancia a los colleges que a las faculties, ya que se considera más importante la relación profesor-alumno que al armazón institucional.


“La Universidad nació cristiana, como el fruto maduro de una cultura cristiana. En el ápice de la Edad Media…”
“No se podría entender la Universidad en su origen medieval sino desde la clave de bóveda que sostiene toda su estructura comunitaria: la verdad buscada y compartida con amor, vivida en la amistad de maestros y alumnos…”

“La Universidad nació como comunidad o federación de ‘Colegios’ o Escuelas y sobre todo comunidad de maestros y discípulos.
Nació primero el espíritu y luego el cuerpo. Porque en sus comienzos la Universidad no tenía edificios propios. Comenzó siendo un conjunto de cátedras con sus maestros que enseñaban en sus conventos o en las salas capitulares de las Catedrales. Allí se reunían maestros y discípulos… para aprender no tanto por recepción de conocimientos, cuanto por creación de hábitos de estudio y de investigación. Se transmitía más que una información, una formación, un modo de pensar, para abrirse el camino de acceso a la verdad.”

3.2. BOLONIA, LA PRIMER UNIVERSIDAD. (Año 1154)
Era proverbial la cantidad de documentación que existía en la Bolonia del siglo XII en torno a cuestiones jurídicas. A ella acudían los interesados en la consulta de algunos documentos raros y preciosos, concernientes a comentarios sobre el Decreto de Graciano o sobre el Corpus Juris Civilis heredado de Roma.
Por ello, en Bolonia se concentraron estudiosos y especialistas que tuvieron como inquietud unir al Decreto, sobre el que se basaba el Derecho Canónico. Esta inquietud no estaba muy de acuerdo con el espíritu de la época.
Las luchas del Emperador Federico I por defender su autonomía respecto al poder espiritual y temporal de la Iglesia le habían llevado a enfrentarse, incluso por las armas, al papado. No es pues extraño que el Emperador aliente a los estudiosos de Bolonia a que continúen sus esfuerzos, pues de ello dependía la posible dilucidación entre lo canónico y lo civil. Por tal motivo les dirige una carta fechada en 1154 en la que, además de exhortarlos a continuar sus estudios del Derecho Civil, los reconoce como gremio, con las características y privilegios que ello implicaba, y eleva los privilegios gremiales, que él mismo enuncia, al nivel de Derecho Imperial. Con la carta Authentica Habita, dirigida a esa Congregación de Estudiantes, nace la primera universidad en el mundo occidental, conocida como Universitas Scholarium Bononiensis.
3.3.1. LA UNIVERSIDAD DE PARÍS. La siguiente en aparecer en el escenario de la historia nace de la fusión de la antigua Escuela Palatina de París con el Studium Generale de la Escuela Catedralicia de Notre Dame. De esta manera nace la Universitas Magistrorum Lutetiae Parisiorum. Esta nueva Congregación de Maestros recibió del papa Celestino III su primer documento de privilegios en 1174, ratificados por el rey Felipe Augusto el año 1200 y cuyos primeros estatutos fueron elaborados en 1215. La carta final de aprobación fue dada por el papa Gregorio IX en el año 1225 mediante la Bula Parens Scientiarum.
Durante todo el siglo XIII la influencia teológica parisina fue contundente. En ella estudiaron muchísimas de las personalidades más autorizadas de la teología cristiana y fueron profesores los más prestigiados pensadores de la época, como Alberto Magno, Tomás de Aquino o el oxoniense Roger Bacon. En ese período contó también con autoridades reconocidas en las ciencias naturales, como es el caso de Oresme y Buridano, iniciadores de la teoría física del ímpetu.
“Si todo comenzó en Toledo, todo los caminos del saber acabaron por conducir a París. De todas las universidades medievales, París, favorecida por la presencia de los maestros más brillantes, será la que encarne mejor el paradigma. Desde el año 1100 los profesores y estudiantes se reunieron en gran número en la Cité de París. No en un lugar concreto. Algunos profesores enseñaban en la catedral de Notre Dame, bajo la atenta mirada del obispo. Otros, la mayoría, en la orilla izquierda del Sena, en los claustros de la escuela canonical de San Víctor y del monasterio de Santa Genoveva. Finalmente, algunos, al margen del obispo, en los alrededores de San Julián el Pobre, entre las calles de la Boucherie y Garlande.
París no se iba a convertir, sin embargo, en el faro intelectual de Occidente hasta que no apareciera entre sus profesores la irrepetible figura de Pedro Abelardo. Abelardo fue el primer gran escolástico de París y también el primer gran profesor universitario europeo, el primero de una larga serie. La Universidad de París le debe su fama y quizá la propia institución universitaria su éxito histórico.”

3.3.2. En 1187 el Papa Alejandro III declaraba en una importante Bula la gratuidad de la enseñanza universitaria.
3.3.3. En el año 1194 el Papa Celestino III otorgó a la Universidad de París sus primeros Estatutos.
3.3.4. Desde 1213 la Universidad de Paris obtiene de Roma el permiso para ser ella misma la que otorgue la llamada “licentia docendi”, que antes estaba reservada a los obispos. En poco tiempo dicha licencia o título se haría aun más importante, ya que los Pontífices la harán “licentia ubique docendi”, es decir, que quien la obtuviera podía enseñar en cualquier universidad de la Cristiandad.

“Por ello, las Universidades medievales nunca serán nacionales ni en su profesorado ni en su alumnado ni en sus planes de estudio. Los estados, las monarquías nacionales de entonces, se limitaron en algunos casos (como cuando el rey de León apoya la fundación de la Universidad de Salamanca o el emperador Federico Barbarroja la de Bolonia) a apoyar a la institución, pero nunca controlaron ni su orientación académica ni su profesorado. A lo largo del Medievo el Estado no tuvo nada que decir en las Universidades, instituciones libérrimas que solo respondían ante sí mismas y ante el Papado. Tan solo Oxford y Cambridge han conservado este status hasta hoy día. La fiebre napoleónica que contagió toda Europa en el siglo XIX convirtió a la Universidad en un instrumento del Estado.”

3.3.5. Otro logro importante tuvo lugar en el año 1229 ya que la Universidad de Paris pasó a depender directamente de la Santa Sede, de tal manera que ningún poder eclesial o civil podía entrometerse en su vida interna.
Este privilegio se obtuvo por una huelga de profesores y alumnos motivada por la muerte de varios estudiantes en manos de los sargentos del Rey de Francia.

3.3.6. El derecho de otorgar la “licentia ubique docendi” le será concedida luego a Oxford (1214); a Bolonia (1219); Salamanca, Cambridge y Heidelberg.

3.3.7. Las antiguas escuelas se transforman en universidades en la siguientes fechas: Oxford (1200), Cambridge (1209), Montepellier (1220), Tolosa (1217), Padua (1222), Orleáns (1229), Salerno (1231), Palencia (1208), Salamanca (1220), Nápoles (1224), Roma (1244), Siena (1247), Plasencia (1248), Perusa (1308), Lisboa (1290), Coimbra (1308), Praga (1348), Cracovia (1364), Viena (1365), Heidelberg (1386), Colonia (1388), Tubingen y Erfurt (1392), Leipzig (1409), Wittenberg (1502), Lovaina (1425) etc...


4)- LA ESTRUCTURA DE LA UNIVERSIDAD

4.1. En Paris profesores y estudiantes se agrupaban según la nación de procedencia, en cuatro grupos: franceses, ingleses, picardos y normandos.
En Oxford se dividieron en boreales (ingleses del norte y escoceses) y australes (ingleses del sur, irlandeses y galeses), hasta que en 1274 se suprimió este sistema.
En Bolonia, curiosamente, los profesores no formaban parte de las naciones (que allí se dividen en citramontanos, esto es, italianos y ultramontanos, el resto), que están reservadas a los estudiantes. Los profesores, independientemente de su procedencia, formaban una corporación separada llamada colegio de los doctores.

4.2. Cada nación es presidida por un procurador.
El gobernante de la facultad de Artes Liberales, elegido por las cuatro naciones (estudiantes y profesores) recibía el nombre de rector, un nombre que con en nuestro tiempo se aplica en exclusiva al gobernante de toda la Universidad que en esa época era llamado el canciller, si bien Oxford y Cambridge conservan la antigua nomenclatura aún. En cambio, las otras tres facultades, llamadas facultades superiores, eran gobernadas por un decano elegido por el claustro de maestros regentes (hoy les llamaríamos profesores titulares). En general, los tres decanos de las facultades superiores seguían el liderazgo del rector de la facultad de Artes Liberales que es quien preside la asamblea general de la Universidad.
Lo cierto es que había pocos organismos comunes a las cuatro facultades y nada parecido a lo que hoy llamaríamos un rectorado, actuando muchas veces un convento como lugar de reuniones del claustro universitario.
En París las reuniones se celebraban en San Julián el Pobre, en el refrectorio de los frailes trinitarios o en cualquier claustro de un convento franciscano o dominico.

4.3. Los maestros podían tener cátedra, en cuyo caso se llamaban regentes, o no tenerla (maestros no regentes)
Los maestros eran inamovibles en sus cargos, excepto el caso de falta grave de conducta, o de errores contra la fe.
Los maestros regentes
- asumían la responsabilidad total por sus alumnos,
- determinaban los programas,
- se preocupaban por los problemas materiales, de local u otros.

Todos los maestros (regentes o no) constituían el Consejo de la Facultad, presidido por un Decano, que se reunía periódicamente (una reunión mensual), aunque también podía tener reuniones extraordinarias.
Las decisiones debían tomarse por una mayoría de dos tercios.
Uno de los maestros regentes de la Facultad de Artes era el Rector de la Universidad, elegido entre todos sus colegas por un período que inicialmente era de tres meses, luego de seis, y finalmente de tres años.
4.4. Las corporaciones universitarias medievales disfrutaban de tres privilegios:
a- la autonomía jurisdiccional que les situaba bajo la autoridad directa del Papa,
b- el derecho de huelga o secesión y
c- el monopolio de la enseñanza superior en su ciudad.

4.5. Características de los universitarios

“Llevan tonsura como los monjes pero no son sacerdotes ni monjes. Son los scholares, los profesores y estudiantes de Universidad. Los intelectuales medievales.
Sabios, doctos, clérigos, filósofos, escolásticos, maestrescuela... todos estos términos se utilizaron en el Medievo para definirlos. El término intentaba designar a aquellos cuyo oficio era pensar y enseñar. En principio pertenecían al estado clerical y asumían las órdenes menores pero su vida no era la de un diácono o un presbítero. No eran místicos encerrados en sus claustros, ni pastores de almas ni auxiliadores de los pobres. Eran maestros cristianos que enseñaban bajo la autoridad de un obispo (representado por su canciller) por lo que asumían la condición clerical de iure, pero de facto vivían en otra esfera, intermedia entre el estado secular y el religioso. Por ejemplo, podían ser armados caballeros y recibir títulos nobiliarios.” (Rodríguez de la Peña)

En algunos escritos se los llama “moderni” (los modernos), término que se utiliza por primera vez para designar una cierta categoría de personas y pensamiento. Sin embargo, esos “modernos” eran amantes de los clásicos, de la Antigüedad. Decía uno de ellos: “No se pasa de las tinieblas de la ignorancia a la luz de la ciencia si no se releen con amor cada vez más vivo las obras de los antiguos. ¡Que ladren los perros y que gruñan los cerdos! No por eso dejaré de dedicar todos mis cuidados a los antiguos y cada día el amanecer me encontrará estudiándolos! (Pedro de Blois)
Y ese respeto por los clásicos quedó hermosamente expresado en la famosa sentencia de Bernardo de Chartres: “Somos enanos encaramados en los hombros de gigantes”. Y luego explica: “De esta manera vemos más y más lejos que ellos, no porque nuestra vista sea más aguda sino porque ellos nos sostienen en el aire y nos elevan con toda su altura gigantesca”.

Debemos aclarar que para esos autores medievales esos autores de la antigüedad que veneraban no eran solos los griegos y romanos paganos, sino también los hagiógrafos bíblicos y los Padres de la Iglesia.



5)- LAS ETAPAS DE LOS ESTUDIOS

5.1. Antes de comenzar la etapa propiamente universitaria había que hacer el “Trivium” y el “Quadrivium”, es decir, Letras y Ciencias.
El Trivium (tres) comprendía: Gramática, Dialéctica y Retórica
- La Gramática comprendía: aprendizaje de la lectura y escritura; sintaxis, etimología, prosodia, etc.
- La Dialéctica: enseñaba a argumentar, probar y rebatir
- La Retórica: que se ordenaba a la formación del orador
El Quadrivium (cuatro): Aritmética, Geometría, Música y Astronomía. La música abarcaba el conjunto de los que hoy llamamos “bellas artes”

Este esquema se mantuvo en sus lineas generales hasta el siglo XVIII.
Terminado este ciclo se podía seguir estudiando. En el caso de la Universidad de Paris: Medicina, Derecho o Teología.



5.2. ¿Cómo se desarrollaba la carrera de un estudiante parisino del siglo XIII?
a- Normalmente habría ingresado en una escuela primaria a los 8 años para aprender sus primeras letras.

b- A los 14 ya podía acceder a la Facultad de Artes (hay que tener en cuenta que maduraban antes que ahora)
Elegía un maestro que debía hacerse responsable de él.
Debía estudiar 6 cursos anuales que se dividían en
- 4 años iniciales llamados bachillerato y
- 2 años finales llamados doctorado (que no tienen nada que ver con nuestro concepto actual de doctorado).
Si se era buen estudiante a los 20 años se obtenía en título de magister Artium, que podemos traducir como licenciado en Artes Liberales.

c- Si se quería proseguir los estudios uno podía elegir a continuación estudiar en una de las tres facultades superiores:
- Medicina,
- Derecho o, la entonces reina de las ciencias,
- Teología.
Se iniciaban entonces otros 6 cursos anuales (8 en el caso de la Teología).
En realidad, la facultad de Teología prescribía que la edad mínima para obtener el título era de 35 años, por lo que normalmente un teólogo que no hubiera perdido cursos en la Facultad de Artes asistía durante seis años como oyente a clase para realizar luego los ocho cursos preceptivos y alcanzar la edad requerida de 35 años.


5.3. Facultad de Teología.
Para ser admitido, el estudiante
- tiene que tener al menos 17 años,
- ser hijo legítimo,
- haber obtenido el título de maestro en Artes y
- haber sido aceptado por un maestro que lo toma bajo su responsabilidad.

5.3.1. Primer período: entre 5 y 7 años de audición (alumno oyente). El alumno es más bien pasivo en las clases, si bien es activo en la discusión y en el ejercicio de la predica¬ción.
- Debía asistir a las lecciones, y también
- a todos los actos de la Facultad y de la Universi¬dad:
- disputas ordinarias o extraordinarias, (cuando el maestro se lo indicara, debía tomar parte activa en las disputas, actuando como oponente)
- sesiones inaugurales de bachilleres o de maestros,
- misas, predicaciones, procesiones.
- Ante el auditorio universitario, debía pronunciar dos sermones vespertinos, dos colaciones,o bien un sermón y una colación.
- Siempre debía llevar a clase los textos de la Biblia y de las Sentencias de Pedro Lombardo, para referencias, controles y notas.


5.3.2. Segundo Período : el alumno, de oyente, deviene lector (lee, da clases),
- una vez que su solicitud y sus títulos han sido examinados en el Consejo de la Facultad y aprobados, y
- luego de haber prestado juramento de fidelidad a los estatutos, de respeto a los maestros, y de lealtad a todos.
En este período
- da dos cursos de Sagrada Escritura (un libro por año, a su elección, y no más de un capítulo por lección; los biblistas que pertenecían a órdenes religiosas tenían que leer todos los libros), y
- en el transcurso de los dos años debe sostener al menos tres disputas y un sermón por año, y
- tomar parte en todos los actos de la Facultad y de la Universidad.

BACHILLER BÍBLICO (25 AÑOS) Al cabo de este tiempo, y cumplidos todos los requisitos, a sus 25 años (como mínimo) recibe el título de bachiller bíblico

BACHILLER SENTENCIARIO. Comienza entonces los dos cursos sobre el “Libro de las Sentencias” (más tarde, un solo curso), debiendo leer los cuatro libros sin apelar a notas o comentarios de otros. Durante ese tiempo está exento de celebrar disputas o sermones, y finalmente se consagra como bachiller sentenciario


5.3.3. Tercer período : como bachiller formado, pasa 3 o 4 años junto al maestro, en la cátedra, perfeccionándose.
- Debe tomar parte en todos los ejercicios;
- debe celebrar cuatro disputas como mínimo, y no más de dos por año, y
- un sermón y una colación una vez por año
- No puede ausentarse de la Universidad por más de dos meses (si lo hace, se le retrasa la promo¬ción hasta por dos años).
MAESTRO (35 AÑOS) Finalizado este tiempo (el candidato tiene no menos de 35 años), el primer día laborable después de la Fiesta de todos los Santos, el canciller convoca a todos los maestros de la Facultad –regentes o no– presentes en París; se examina la historia completa del período escolar del candidato, se emiten opiniones, se vota (para la aprobación se requieren los dos tercios de los votos) y el canciller convoca entonces al candidato, quien ante todos los maestros, bachilleres y estudiantes, presta los juramentos de práctica y recibe de manos del canciller la licencia para enseñar: es MAESTRO.
6)- EL MÉTODO DE ENSEÑANZA

6.1. GENERALIDADES

1. La enseñanza universitaria medieval consistía ante todo en comentarios de textos (llamada lectio) de autores canónicos en su materia tutelados por profesores ayudantes unidos a clases magistrales reservadas al maestro regente que, en realidad, se prodigaba más bien poco. Esos textos podían ser p.ej.,un tratado de Aristóteles; las “Etimologías” de san Isidoro; las “Sentencias” de Pedro Lombardo, etc
El comentario de texto, dividido en littera, sensus y sententia, sin duda era el verdadero meollo de la enseñanza universitaria medieval, ya que era una auténtico arte el saber extraer un comentario o glosa de un pasaje oscuro de Cicerón o el Digesto y suscitar un debate (quaestio) entre los estudiantes al respecto.

2. Dos veces al año se organizaban en la Universidad debates llamados disputas quodlibetales en los que un profesor desafiaba a todo el claustro de profesores y estudiantes a plantearle cualquier tema sobre el que disertar, teniendo que hacer frente a continuación a las preguntas de todos aquel que quisiera tomar la palabra. Estos debates duraban a veces más de siete horas y aquél que decidía afrontarlo debía tener una presencia de espíritu poco común y una sabiduría casi universal.
3. ¿Cuáles eran los instrumentos de trabajo de estudiantes y profesores? En el manual universitario de Juan de Garlandia, profesor de París, leemos: he aquí los instrumentos necesarios a los escolásticos: libros lo primero, un pupitre con atril, una lámpara de noche con sebo y un candelero, una linterna y un embudo con tinta, una pluma, una plomada y una regla, una mesa, una silla, una pizarra, una piedra pómez, un raspador de pergaminos y una tiza. Es en el marco universitario del siglo XIII cuando se abandonó la caña de escribir romana por la pluma de ganso, más rápida y fácil de usar.

Ciertamente, los estudiantes tomaban apuntes durante las clases. Los apuntes se llamaban entonces relationes y algunos han llegado hasta nosotros. Como sucede hoy en día había profesores que publicaban las relationes de sus clases para facilitar el estudio de su asignatura. Estos manuales de bolsillo de la época eran llamados pecias, ya que consistían en pliegos de cuatro folios de piel de carnero donde en letra minúscula se condensaba un año de enseñanzas. Fueron estos los primeros libros medievales sin miniaturas ni ornamentación alguna, simplemente texto apretado, como los libros actuales.

En esa época los profesores encargaban la copia de sus escritos a escribanos profesionales cuyos talleres lindaban con la Universidad. Sabemos que en el año 1264 había en París talleres con más de cuarenta escribanos trabajando en la copia de pecias. El libro había dejado de ser un objeto de lujo para convertirse en un instrumento de trabajo, de circulación amplia, dos siglos antes de la invención de la Imprenta.


4. Los exámenes como tales no existían. Bien, en realidad sí existían pero solo había uno al final de los seis años de estudio en Artes al igual que en las tres titulaciones superiores. Era éste un doble examen.

Primeramente se realizaba un examen privado (examen privatum). Pero una semana antes de realizarlo, el estudiante era presentado al rector de la Facultad y juraba en su presencia cumplir los estatutos de la Universidad y no tratar de corromper a sus examinadores. Similar ceremonia se realizaba ante el arcediano de la catedral. Cuando finalmente llegaba la mañana del examen, tras oír la misa del Espíritu Santo, el estudiante comparecía ante el claustro de maestros regentes de la Facultad y uno de ellos le daba dos pasajes de un texto para que los comentara, dándole unas horas en privado para que preparara su comentario.
Llegada la tarde el candidato a la licenciatura o doctorado defendía oralmente su comentario ante el claustro de maestros regentes y ante un público numeroso que se solía congregar para la ocasión, ya que esta exposición se celebraba normalmente a las puertas de la catedral, al aire libre. Tras su exposición y tras responder el candidato a las preguntas formuladas por el tribunal, el claustro votaba si era digno del título de licenciado.

Pero el candidato sólo adquiría el título de doctor tras un segundo examen, el examen publicus o doctoratus. Este examen público consistía en la exposición de una lección magistral en un lugar solemne y público, lección magistral para el doctorado que es el germen de la futura tesis doctoral. Tras impartir la lección magistral el doctorando debía hacer frente a los ataques y críticas a sus tesis de cualquier estudiante allí presente, preparándose así para la docencia universitaria. Si pasaba con éxito y entereza esa dura prueba, el arcediano de la catedral le hacía entrega de las insignias del doctor: la licentia ubique docendi (un documento que le permitiría enseñar en cualquier universidad de la Cristiandad), una cátedra, un anillo de oro, un libro abierto y el birrete doctoral.
La obtención del título de doctor iba siempre acompañada de una fiesta que costeaba el recién doctorado, fiesta que tenía algo de iniciación del antiguo estudiante en el gremio de los profesores y que seguía unos ritos cuidadosamente establecidos.


Este sistema de doble examen expuesto era el que regía en casi todas las universidades europeas pero en París se le añadía una tercera prueba previa al doble examen: la llamada determinatio baccalariandorum. La determinatio era un debate entre el candidato y un profesor previo al examen privatus que se realizaba en el mes de Diciembre. Si se pasaba con éxito el estudiante se convertía en bachiller, por lo que en París había tres grados: bachiller, licenciado y doctor.


6.2. EXPLICACIÓN DETALLADA DE LA TÉCNICA MEDIEVAL DE ENSEÑANZA


6.2.1. LA LECTIO (la clase)
Enseñar en una escuela es leer, comentar un libro determinado. No se trata de una explicación personal de la materia, sino de la explicación de textos particularmente autorizados[4].
Se trata de enseñar la verdad, según el modo y con los medios convenientes, buscando la comprensión, profundización y asimilación.


La lectio en el Trivium

1. ELECCIÓN LIBRO. Se elige un libro de texto que suministre los conocimientos sobre determinada materia.
2. DATOS SOBRE EL AUTOR Y EL LIBRO.
- Se dan noticias sobre el autor;
- las circunstancias en que la obra fue escrita;
- la intención con que fue escrita;
- sus valores literarios;
- sus enseñanzas, etc.
3. DIVISIÓN LÓGICA Y ANÁLISIS DE LA OBRA. Se divide el texto en partes grandes, luego más pequeñas, hasta en frases y en miembros de las frases.
- Se procede al análisis propiamente gramatical;
- a su fundamentación lógica;
- a su ornato y expresión retórica.

4. LA EXPOSITIO (exposición):
4..1. Tiene tres partes:
a- LA LITTERA (letra), esto es, el comentario gramatical y sintáctico de la lectura;
b.- EL SENSUS (sentido literal), o la interpretación que se desprende de una simple y primera consideración de la lectura;
c.- LA SENTENTIA (sentencia o sentido profundo) o interpretación más profunda del pensamiento del autor y del contenido doctrinal del texto.

La lectio en la Facultad de Teología

1. TEXTOS DE ENSEÑANZA. El libro por excelencia es la Sagrada Escritura, esclarecida por los comentarios de los Padres de la Iglesia, en quienes se expresa la tradición.
2. Los textos favoritos del Antiguo Testamento eran: el Génesis, los libros proféticos, los Salmos, el Cantar de los Cantares y el libro de Job.
En cuanto al Nuevo Testamento: los evangelios de Mateo y de Juan, las Epístolas y el Apocalipsis.

3. Se confrontan los problemas o cuestiones que surgen del texto con el conjunto de la enseñanza de la Iglesia y el trabajo de los teólogos, buscando una síntesis sabia en lo especulativo, y en lo práctico moral.

4. También la lectura del Libro de las Sentencias, de Pedro Lombardo, era obligatoria –según hemos visto– en la Facultad de Teología. El estudiante estaba familiarizado con el texto desde sus mismos comienzos (la asistencia a las lecciones, la obligatoriedad de asistir con el texto, las notas marginales que tomaba, los apuntes o reportaciones y, más adelante, las redacciones parciales que anticipaban su propio comentario), y debía hacerlo progresar con su elaboración personal del mismo.

5. MÉTODO DE ENSEÑANZA. En esta tarea con el Libro de las Sentencias, el bachiller encargado de su comentario lleva a cabo:
a.- DIVISIO TEXTUS (división del texto): es el análisis lógico del plan seguido por el autor, de las divisiones y subdivisiones adoptadas, y de las relaciones establecidas o a establecer con un contexto ya sea inmediato, ya sea más alejado;
b.- EXPOSITIO (exposición): según los ya vistos análisis gramatical, de sentido literal y de sentencia o sentido profundo, y con un estudio muy serio, tomas de posición, cuestionamientos y soluciones;
c.- EXPLICATIO (explicación del texto): la explicación de las dificultades que se plantean, en cualquiera de los análisis en los que se ha realizado la exposición;
d.- la elección de las cuestiones en las que ha de intervenir, ya sea como parte de la lectio o como disputatio, provienen de un interés objetivo que surge del tema mismo, o de un interés subjetivo, o de las discusiones en boga por diversos motivos, o bien introducen una problemática nueva.

En la Facultad de Teología, el bachiller bíblico debe dar lecciones sobre
- un libro del Antiguo Testamento durante un curso, y
- uno del Nuevo Testamento al año siguiente, sin interrupción excesiva para no distraer la continuidad de la lectura.
Los bachilleres de las Órdenes Mendicantes debían hacer la lectura de Antiguo y Nuevo Testamento completos, multiplicando así sus cursos.
a.- No debían abordar más de un capítulo por clase, aunque podían dedicar varias clases a un capítulo;
b.- No debían tocar problemas doctrinales, ni dar el detalle de las varias interpretaciones posibles;
c.- Se trataba de …
- hacer comprender el texto y su sentido literal (mediante el trabajo de las divisiones, subdivisiones, construcciones y encadenamientos de textos); - - precisar el sentido de las fórmulas o de los términos ambiguos, insólitos o difíciles;
- en todo ello, valerse de la Glosa y de los comentadores autorizados.



6.2.2. LA COLLATIO (colación)

Es un procedimiento coloquial para aclarar los interrogantes y dilucidar la verdad de las objeciones surgidas durante el comentario. En el siglo XII las colaciones entre algunos maestros como Bernardo de Chartres y sus discípulos eran para la edificación interior: que las clases vespertinas no terminasen sin fruto. Constituyen, de alguna manera, una anticipación de las predicaciones universitarias. En efecto, los estudiantes medievales eran clérigos o futuros clérigos, y nada más natural, entonces, que la inclusión de este ejercicio religioso en los procedimientos de aprendizaje.
Las colaciones eran útiles para la elocuencia, para adquirir sabiduría, y para la vida, en tanto debían estar presididas por la caridad, y un espíritu de humilde aprovechamiento.
En la Facultad de Teología, colación podía ser:
a.- el sermón de la tarde: predicación;
b.- una conferencia espiritual o teológica: lección;
c.- una discusión: disputa o repetición (podía ser semanal o quincenal, y el maestro designaba a los interlocutores).

6.2.3. LA GLOSSA (glosa)

Es el comentario escrito de la lectio.
Había:
a.- la glosa INTERLINEAL, referida a la letra y al sentido de la exposición;
b.- la glosa MARGINAL, referida a la sentencia. (el fondo)

En el siglo X, y en épocas posteriores, como los comentarios se alargaban mucho, hubo que sacarlos de la obra y formar los GLOSARIOS, en los que la palabra o frase que daba lugar a la explicación se escribía en primer término, y a continuación venía el largo comentario.
En la Facultad de Teología, la glosa retoma o condensa los comentarios, a través de la reflexión y el orden establecido por los teólogos. La glosa en Teología no gozaba de la libertad corriente en las artes liberales, porque estaban en juego el dogma y las normas de la Iglesia en lo referente a la moral y las costumbres).

6.2.4. LA QUAESTIO (cuestión)

Generalmente surgía a lo largo de una clase o lectio, tratándose de un tema –enunciado en una proposición– que ofrecía dificultades o dudas. A lo largo de los siglos XII y XIII, la lectio, con sus glosas, va suscitando y resolviendo cuestiones (quaestiones) y disputas académicas (disputationes, o quaestiones disputatae).

6.2.5. Los ejercicios de composición
Se daban en prosa y en verso, sobre temas de la mitología antigua, históricos, la historia sagrada y liturgia. Podía distinguirse entre:
a- exercitium scribendi o composición libre sobre temas diversos, y
b- exercitium dictandi, perteneciente al género epistolar (el arte de escribir cartas).


6.2.6. La discusión dialéctica
Se trata de la búsqueda de la verdad, del conocimiento a través del estudio, la comparación y la discusión de las opiniones. Esto suponía la madura ponderación de los pro y los contra de las tesis presentadas y defendidas.
Aprender a discutir era la manera correcta de aprender a pensar y a expresar con precisión el pensamiento: la dialéctica y la retórica antiguas nuevamente vigentes, al servicio del conocimiento de la verdad, y su manifestación.

EVOLUCIÓN DE LAS TÉCNICAS

De la lectio surgirán:
1. La EXPOSICIÓN (expositio), que es la explicación de un texto con un amplio análisis dialéctico del mismo (es una dialéctica tranquila, no una disputa).
Implica la división de la obra comentada en partes, y la prueba –mediante argumentos rigurosos– de las afirmaciones sustentadas a lo largo del análisis dialéctico.

2. LA CUESTIÓN (quaestio), que consistía en extraer del libro comentado las proposiciones más problemáticas para tratarlas separadamente, mediante opiniones contrapuestas, en una controversia metódica.
El método procedía de la siguiente manera:
a- utrum (si): propone la tesis a discutir.
b- videtur quod (parece que): da las razones a favor.
c- sed contra (pero contra esto): da las razones en contra.
d- corpus articuli (el cuerpo del artículo): es la respuesta del autor.
e- respondeo dicendum, ad primum (respondo diciendo, en cuanto a lo primero...): es la respuesta a las objeciones, o razones en contra.



3. LA CUESTIÓN DISPUTADA (quaestio disputata),

3.1. QUÉ ERA. CLASES. Era una disputa sostenida entre varios –en tanto la simple cuestión podía ser un ejercicio académico llevado a cabo por uno solo, como en diálogo consigo mismo–, admitía dos modalidades:
a- la cuestión disputada ordinaria (quaestio disputata), que era un método activo de enseñanza, en el que colaboraban maestros, bachilleres y alumnos;
b- la cuestión disputada acerca de cualquier tema (quaestio de quolibet), que era una discusión sólo entre maestros, a celebrarse dos veces pos año, en tiempos penitenciales (Cuaresma y Adviento)
Requería espíritu de sacrificio, trabajo y humildad, frente a la posible humillación pública–.
Era de asistencia obligatoria para los bachilleres y estudiantes, en tanto la participación de los maestros era libre, y muy pocos se sometían a ella
(Sto. Tomás de Aquino fue quien intervino en la mayor cantidad de cuestiones quodlibetales, lo que demuestra su gran amor a la verdad, su espíritu de docencia, y su profunda humildad).


3.2. CÓMO SE DESARROLABA.
A- La quaestio disputata era organizada por el maestro (quien elegía día y tema), y destinada a los estudiantes (que debían asistir y participar obligatoriamente).
B- Tenía lugar entre las horas de nona (tres de la tarde) y visperas (seis de la tarde), y no podía celebrarse sino una por día.

C- Técnica y desarrollo:
a)- la discusión:
* el número de objeciones (y de objetantes) variaba según el tema, el auditorio, la inspiración o el interés, etc.;
* tenía lugar luego una toma de posición –desarrollada con mayor o menor amplitud– sobre el tema del debate. Se llevaba a cabo con las divisiones o distinciones necesarias, fundamentando cada afirmación con los argumentos pertinentes, que ya dejaban entrever la respuesta a las objeciones;
* se respondía a éstas según el orden de presentación de las mismas, lo que ponía en evidencia una vez más la extraordinaria memoria auditiva y el orden mental de los hombres de aquellas épocas;
* el maestro podía intervenir en cualquier momento, para ayudar a un bachiller que no podía avanzar en la disputa (sugiriéndole una distinción o un término medio en el silogismo, por ejemplo); o para precisar una respuesta incompleta; para rectificar otra desacertada, o bien para proponer una solución totalmente diferente.

b)- la determinación magistral:
* luego del ejercicio dialéctico o discusión, tenía lugar la determinación o DETERMINATIO: el progreso del pensamiento, por la profundización de los problemas propuestos;
* por eso, al día siguiente de la discusión se retomaban las grandes líneas de la misma, y el maestro determinaba, definiendo su propia respuesta al problema y fundamentándola con razones;
* el maestro podía retomar objeciones, respuestas, exposiciones, y reagruparlas según su criterio, trabajándolas a su manera.




7) – EL AÑO ESCOLAR Y LA JORNADA EDUCATIVA.

AÑO ESCOLAR. En cuanto al calendario escolar, el año escolar
- comenzaba el 14 de septiembre (Exaltación de la Sta. Cruz), y terminaba el 13 de septiembre.
- Los cursos comenzaban el 10 de octubre, y se clausura¬ban el 6 de julio.
- Desde el 29 de junio (San Pedro y San Pablo) hasta el 13 de septiembre los maestros cesaban sus lecciones.
La JORNADA ESCOLAR, en la Facultad de Artes, comenzaba en la mañana,
- con la verificación del trabajo del alumno, la corrección de sus composiciones
- y el recitado de sus lecciones.
Por la tarde tenía lugar la lectio o enseñanza del maestro: lectura de los autores, explicación y comentario, y luego la indicación de las lecturas a hacer, o bien de los ejercicios a componer.
- La jornada concluía con una meditación piadosa y el recitado del De profundis y el Pater.

En la Facultad de Teología, las lecciones del maestro y del bachiller sentenciario tenían lugar a la mañana; en las primeras horas (de siete a nueve), el maestro, y de nueve a doce, el bachiller, que podía tomar las horas del maestro cuando éste no daba clase.
Por la tarde, el biblista daba sus clases, y también de tarde se celebraban las disputas (cuando eran muy importantes, se suspendían las clases de la mañana).
Los viernes entre el 29 de junio y el 13 de septiembre se celebraban las disputas sorbónicas, en el Colegio de la Sorbona.

8)- LOS ALUMNOS: “NIHIL NOVUM SUB SOLE…”
Al igual que hoy día, junto con los buenos alumnos, estaban “los otros”: perezosos, fiesteros y pendencieros…

Veamos algunos ejemplos:

7.1. Perezosos. En la siguiente carta vemos cómo un padre le recrimina a su hijo la pérdida de tiempo en los estudios por dedicarse a la dolce vita.
A su hijo G., que reside en Orléans, P. de Besançon manda saludos con celo paternal.
Está escrito: “El haragán en su trabajo es hermano del derrochador: He descubierto recientemente que vives de manera disoluta y perezosa, con más tendencia a lo licencioso que a la moderación, al juego que al trabajo, y que prefieres rasguear la guitarra, mientras otros están en sus estudios; y sucede que has leído sólo un volumen de leyes, en tanto que tus compañeros más diligentes ya han leído varios. Por tanto, he decidido exhortarte aquí para que te arrepientas absolutamente de tus modales disolutos y descuidados, para que ya no puedas ser llamado un despilfarrador, y que la vergüenza logre hacerte regresar a una buena reputación.”
7.2. Fiesteros. El siguiente ejemplo es el de un estudiante de Oxford que pide dinero a su tutor, ya que no le queda un peso porque lo ha gastado todo y tiene que proveerse de otras cosas “que no puede especificar”:
De B. a su venerable maestro A., saludos. La presente es para informarle que estoy estudiando en Oxford con la mayor dedicación, pero las cuestiones monetarias se interponen con frecuencia en el camino de mi promoción, pues hoy hace dos meses que gasté lo último que me envió. La ciudad es cara y tiene muchas exigencias; tengo que alquilar alojamiento, comprar artículos de primera necesidad y proveerme de otras cosas que ahora no puedo especificar. Por lo que respetuosamente suplico a su paternidad que, mediante los impulsos de la divina piedad pueda asistirme, de manera que pueda completar lo que bien he comenzado.
7.3. Pendencieros. Las universidades medievales compartieron la atmósfera violenta de la época. Los registros de las cortes de leyes revelan numerosos casos de disturbios en las universidades europeas.
- Un profesor alemán finalmente fue despedido por apuñalar a uno de sus muchos colegas en las reuniones del cuerpo académico.
- Un estudiante en Bolonia fue atacado en el salón de clases por otro estudiante, armado con una espada.
Los reglamentos de Oxford trataron de disminuir la y violencia, prohibiendo a los estudiantes portar armas en clase. No eran raras las peleas entre las personas del pueblo y los miembros de la universidad, que subían de tono hasta convertirse en motines sangrientos
Este texto se ha tomado de una descripción anónima de un motín estudiantil que tuvo lugar en Oxford a finales del siglo XIII
Motín estudiantil en Oxford
[Los ciudadanos] capturaron y encarcelaron a todos los estudiantes que pudieron encontrar, invadieron sus habitaciones, causaron estragos en sus bienes y pisotearon sus libros. Ante tal provocación, los oficiales disciplinarios de la universidad enviaron a sus asistentes a la ciudad para prohibir a los estudiantes que abandonaran sus posadas. Pero todas las órdenes y exhortos fueron en vano. Hacia las nueve de la mañana siguiente, bandas de universitarios desfilaban por las calles en formación militar. Si los oficiales universitarios no pudieron refrenarlos, el alcalde fue igualmente incapaz de contener a sus ciudadanos. La gran campana de San Martín sonó dando la voz de alarma; los cuernos de buey también se hacían oír en las calles; se enviaban mensajeros al interior para reclutar campesinos aliados. Los académicos [estudiantes y maestros], que llegaban a tres mil en total, iniciaron su ataque simultáneamente en varios barrios. Destruyeron depósitos de especias, cuchillería y otros. Armados con arcos y flechas, espadas y escudos, hondas y piedras, cayeron sobre sus oponentes. Mataron a tres e hirieron a cincuenta o más. Una de las bandas tomó posición en High Street, entre las iglesias de Santa María y Todos los Santos, y atacó la casa de un tal Edward Hales. Este Hales era un antiguo enemigo de los académicos. No había medias tintas con él. Cogió su ballesta y, desde una cámara alta, envió una infalible flecha hacia un ojo del pugnaz rector. La muerte de su valiente líder provocó el descorazonamiento de los académicos. Entonces huyeron, perseguidos de cerca por los ciudadanos y la gente del campo. Unos fueron abatidos en la calle; otros, que se habían refugiado en las iglesias, fueron sacados y conducidos sin piedad a prisión, azotados con látigos y picados con púas de hierro.
De inmediato, ambas partes presentaron ante el rey acusaciones de asesinato, violencia y robo. Los ciudadanos reclamaban una indemnización de tres mil libras: Los comisionados para dirimir la cuestión, sin embargo, los condenaron a pagar doscientos marcos despidieron a los administradores y desterraron a doce de los más turbulentos ciudadanos de Oxford.
Bibliografía:

Libros

Caturelli, Alberto. La Universidad. Univ. Nac. de Córdoba, 1963
Derisi, Octavio. Naturaleza y vida de la Universidad. 3ª. Ed, Bs.As., EDUCA, 1980
Idem. Cultura y humanismo cristiano. Bs.As., EDUCA, 1986.
Montejano, Bernardino. La Universidad, ayer, hoy y mañana. Bs.As., Nueva Hispanidad, 2001
Newman, Cardenal. Naturaleza y fin de la Educación Universitaria. Madrid, EPESA, 1946.
Ortega y Gasset, José. Misión de la Universidad. Madrid, Rev.Occidente, 1947
Randle, Patricio. Hacia una nueva Universidad. Bs.As. EUDEBA, 1968
Idem. La Universidad en ruinas. Bs.As., Almena, 1974.
Vocos, Francisco. El problema universitario y el movimiento reformista. Bs.As., Huemul, 1962
Woods, Thomas. Cómo la Iglesia construyó la civilización occidental. Madrid, Ciudadela, 2007


Artículos y monografías

Fraboschi, Azucena. Historia General de la Educación. www.ideasapiens.com
Fuentes, P.Miguel Ángel (IVE). Curso de Ética profesional para universitarios. Curso dado a estudiantes universitarios en San Rafael entre los días 22-30 de enero de 2005.
Morandé Court, Pedro. Un nuevo humanismo para la vida de la Universidad. www.humanitas no.20
Orella, José Luis. La Universidad, configuradora de Europa. www.arbil No. 87
Poupard, card.Paul. (Presidente del Consejo Pontificio de la Cultura) “Evangelizar la cultura al alba del s.XXI”. Conferencia pronunciada en la Facultad de Teología San Dámaso, en Madrid. 29-V-2001
Rodríguez de la Peña, Alejandro. Los orígenes de la Universidad. (VI Congreso “Católico y Vida pública). www.arbil


Magisterio
Juan Pablo II. Constitución Apostólica “Ex Corde Ecclesiae” sobre las Universidades Católicas. Año 1990
Consejo Pontificio para la Cultura. Presencia de la Iglesia en al Universidad y en la cultura universitaria. Año 1994

1 comentario:

NIP dijo...

Buen trabajo sobre el verdadero conociemiento impulsado por la iglesia. Pero el modernismo terminó y el tiempo de las universidades con él.En el III milenio ese conocimiento lo tienes con un teclado,también quiero invitaros a visitar el blog de un sacerdote, don Javier Sánchez Martínez, donde madurar la fe mediante la formación y catequesis adulta, mistagogia de la liturgia, pensamiento teológico, vida espiritual y aliento para la santidad.
Un saludo.

http://corazoneucaristicodejesus.blogspot.com/